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Informe: Exportaciones españolas de armamento 2002-2011. Cuando la venta de armas es una prioridad política

Informe num 15 del Centro de Estudios por la Paz JM Delàs:

Exportaciones españolas de armamento 2002-2011. Cuando la venta de armas es una prioridad política

armamentoAutores: Tica Font, Eduardo Melero y Camino Simarro

Para descargarse el informe en español haga clic aquí

España exporta 6 millones de euros diarios en armas, según Centro por la Paz

Agencia EFE
España exporta cada día más de 6 millones de euros en armas, muchas de ellas a países en conflicto armado o donde se violan los derechos humanos, según un informe del Centro de Estudios por la Paz J.M.Delàs sobre las exportaciones españolas de armamento 2002-2011.
Este centro, dependiente de Justícia i Pau, destaca en su informe difundido hoy el "imparable" aumento de las exportaciones de material de defensa, a pesar de la crisis económica y financiera.
En este sentido, señala que las exportaciones en 2011 ascendieron a 2.431 millones de euros, un 115 % superiores a las de 2010 y un 785 % superiores a las de 2002.
En 2011, España se situó en la octava posición en el ránking mundial de países exportadores de armamento, con el 3 % del total mundial de exportaciones y el 1,15 % de la balanza comercial española.
Este centro, creado en Barcelona en 1999 y especializado en temas de desarme y paz, afirma que el alza en las exportaciones es resultado de la intensa política gubernamental de apoyo a la exportación y de una interpretación poco exigente por parte de las autoridades españolas de los criterios legales para autorizar la exportación de armas.

El capitalismo (neoliberal) ha muerto. ¡Viva el capitalismo corporativista!

El capitalismo (neoliberal) ha muerto. ¡Viva el capitalismo corporativista!

Alberto Rabilotta
ALAI, América Latina en Movimiento

usaEn el anterior artículo (¿Signos de desbandada neoliberal?) pasamos revista a la grave y persistente situación de las economías reales en los países del llamado “capitalismo avanzado”, y del comienzo de reconocimiento -por parte de economistas y políticos-, que el neoliberalismo y las recetas de austeridad han puesto el capitalismo a la defensiva y que los ingredientes para estallidos sociales ya existen en muchos países. En ese contexto se escuchan ahora voces de la clase dominante que afirman que ya se superó la crisis, y otras que plantean hacer cambios para mantener un sistema que comienza a tambalearse.
 
Hace siete décadas, al analizar las causas y los efectos del desplome de las economías durante la Gran Depresión de los años 30 del siglo 20, Karl Polanyi escribía que en el momento en que la sociedad comenzó a buscar cómo protegerse de los peligros inherentes a un sistema de mercado autorregulado, cada país del capitalismo industrial fue tomando –cada uno por su cuenta- medidas de orden social y económico, pero las diferencias políticas tenían como contrapartida una “semejanza entre los regimenes nacientes, el fascismo, el socialismo y el New Deal, pero esta era únicamente su común abandono de los principios del laissez-faire” (1)
 
La respuesta común a la dictadura de los mercados que había puesto la sociedad al servicio de los intereses económicos, provocando con ello un desastre social y político de dimensiones mundiales, fue el abandono de los “mercados autorregulados” y la adopción del dirigismo estatal, que en el mundo capitalista asumió formas corporativistas que entretejían los intereses de determinados sectores y grupos sociales con los intereses de sectores económicos del capital, como los industriales, con el Estado arbitrando estas relaciones y planificando la economía para alcanzar objetivos tales como crear empleos, desarrollar industrias (con fines armamentistas en los países del “eje fascista” en primer lugar, y luego en Estados Unidos y Gran Bretaña) y superar la pauperización de la Gran Depresión.
 
El corporativismo estuvo al servicio de regimenes totalitarios –la Alemania nazi, la Italia fascista, entre otros más-, y en Estados Unidos (EE.UU.), con el New Deal, la planificación económica permitió llevar a cabo transformaciones económicas, fiscales y sociales de carácter progresista destinadas a impedir que las masas populares abrazaran el socialismo o el fascismo. El New Deal se expandió a otros países antes y después de la Segunda Guerra Mundial. La experiencia socialista, en la Unión Soviética, fue la planificación quinquenal de la economía, adoptada en 1928 y aplicada a partir de 1929.
 
Es evidente que la creación de millones de empleos mediante el desarrollo industrial y la mecanización del campo, que en EE.UU. logró el New Deal, no es reproducible en la actualidad en los países del capitalismo avanzado: los “ejércitos” de robots que reemplazan a los asalariados existentes y a los jóvenes que debían reemplazarlos, es una realidad prácticamente irreversible. Y tampoco son realistas las propuestas que circulan en ciertos países de “repatriar” las industrias que desde hace décadas las transnacionales vienen mudando a los países en desarrollo para explotar la mano de obra barata, apropiarse de mercados y repatriar las ganancias para Wall Street y sus ejecutivos. Lo que frecuentemente se olvida es que con esas mudanza no solo se mudaron los empleos, sino que se perdió la acumulación y capacidad de transferir la experiencia y el conocimiento de los trabajadores y técnicos, entre muchas otras cosas más.
 
Pero, como veremos a partir de las opiniones y propuestas de economistas, y de políticos y funcionarios del sistema imperante, el reconocimiento de que el neoliberalismo fracasó y constituye una amenaza al sistema capitalista los lleva nuevamente a proponer alguna forma de dirigismo estatal, de capitalismo de Estado –nunca la planificación económica que tenga en cuenta los intereses de la sociedad, por el momento-, o sea un retorno al corporativismo envuelto en engañosos conceptos, como el de un “capitalismo global administrado”.
 
¿Qué nos dicen los economistas?
 
Para economistas como Joseph Stiglitz, esta crisis estructural y las crisis que estamos pasando por alto –en particular el cambio climático-, se exacerbaron después de la Gran Recesión del 2008 y no serán resueltas por el mercado. Son crisis de tipo mundial y para resolverlas se necesitan transiciones estructurales, o sea que “es necesario que los gobiernos desempeñen un papel más activo”. Su colega Paúl Krugman piensa algo similar, aunque comienza a acercarse al problema de fondo de esta crisis estructural: “¿Qué es lo que está sucediendo? De la mejor forma que lo puedo decir, hay dos explicaciones plausibles, y hasta cierto punto ambas pueden ser verdad. Una es que la tecnología hizo un viraje que ha puesto el trabajo (asalariado) en desventaja; la otra es que estamos viendo los efectos de un neto aumento en el poder de los monopolios. Pensemos en esas dos narrativas como una que enfatiza a los robots, y en la otra a los “magnates ladrones” (robber barons)” (2).
 
El analista económico William Greider (3) reporta que en una de las principales cunas del pensamiento neoliberal, el Institute Peterson (IP) en Washington, hubo el 7 de enero pasado una reunión sobre “ética y globalización” en la cual economistas y cientistas sociales presentaron sus opiniones y trabajos. Algunos de ellos describieron al sistema global como en medio de graves problemas y advirtieron que “si las cosas no cambian” habrá rebeliones populares, incluso en EE.UU.
 
Greider apunta que habiendo perdido la confianza en las promesas del sistema de libre comercio, “muchos están volviéndose hacia los gobiernos para que los salven del capitalismo global”. Howard Rosen, investigador visitante del IP, describió las consecuencias negativas de las últimas décadas y concluyó recomendando reformas: un salario mínimo en todo el mundo, aumentos de salarios vinculados a los aumentos de productividad, seguro contra el desempleo, adopción de estándares laborales internacionales, promoción de la sindicalización, y compromisos de Wall Street y demás instituciones financieras internacionales de que no darán financiamiento a las naciones que no acepten tales reformas.
 
En esta reunión del IP el economista David Branchflower, de la Universidad Dartmouth, denunció el terror que viven los trabajadores, jóvenes y viejos, porque “jamás se recuperarán de esta falta de empleos”, y advirtió que la clase trabajadora en Europa está “ardiendo” y que se está frente a una “potencial rebelión”, lo que también puede ocurrir en EE.UU. Y el nuevo presidente del IP, el ex economista de la Reserva Federal Adam Posen, admitió que hay problemas en el basamento político de la globalización porque “uno de los alarmantes efectos de la crisis financiera global es que hubo una amplia erosión de la confianza del capitalismo en sí mismo”.
 
El economista Dani Rodrick, de Harvard (4), contrapone el “liberalismo económico” reinante en los países capitalismo avanzado al mercantilismo aplicado por los países emergentes de Asia, concluyendo que se ha llegado “al final de esta feliz coexistencia. El modelo liberal ha perdido su brillo, debido al aumento de la desigualdad y la difícil situación de la clase media en Occidente, junto con la crisis financiera producida por la desregulación () Como resultado, el nuevo entorno económico producirá más tensión que acomodamientos entre países que busquen vías liberales y mercantilistas. Pueden también despertarse debates latentes desde hace mucho tiempo sobre el tipo de capitalismo que genera una mayor prosperidad.”
 
Para el economista Anatole Kaletsky (5), de la actual crisis saldrá “un nuevo modelo de capitalismo global, no basado en la ciega fe en las fuerzas del mercado que siguió a la Gran Inflación de los años 70, ni tampoco en la excesiva intervención gubernamental inspirada por la Gran Depresión”, y afirma que “la tragedia del 2008 estuvo en que la ciega fe en los mercados disuadió a los gobiernos de manejar adecuadamente esos ciclos de expansión-implosión”, y que habiendo desaparecido el comunismo y siendo la crisis cosa del pasado, los decidores políticos y los votantes han reconocido ya que no se puede dejar que los mercados se guíen por sus propios instrumentos: “Las economías deben ser administradas. Como resultado, un nuevo modelo de capitalismo global administrado está en evolución y gradualmente reemplazará el fundamentalismo de mercado que dominó el mundo desde la era Reagan-Thatcher hasta el 2008”.
 
Con el título ¿Está ganando el capitalismo de Estado?, el economista Daron Acemoglu y el analista James A. Robinson (Proyect Syndicate, 31 diciembre 2012) recuerdan que algunos países asiáticos, “apoyándose en varias versiones del dirigismo” han crecido rápidamente y de manera constante en décadas mientras los países centrales del capitalismo liberal “continuaron su anémico desempeño” en el 2012, y seguidamente se preguntan si no ha llegado la hora de actualizar los libros de economía y estudiar las formas de “capitalismo de Estado”.
 
¿Qué nos dicen los gobernantes y tecnócratas?
 
spainA mediados de enero Jean-Claude Juncker –saliente presidente del Consejo de ministros de Economía y Finanzas de la zona euro (Eurogrupo)- criticó las políticas neoliberales aplicadas en la zona euro (ZE) y advirtió que si no hay cambios “perderemos el apoyo de las clases trabajadoras”.
 
Después le llegó el turno al profesor de economía neoliberal y también saliente primer ministro italiano Mario Monti, quien dijo a los embajadores latinoamericanos en Italia que América latina se ha ganado hoy un rol central y activo que genera admiración, por no decir envidia, porque “ha sabido construir un modelo de desarrollo basado en el crecimiento, la justicia social, la modernización y el respeto ambiental” (6).
 
Difícil creer que el enviado por la Troika (Comisión Europea, Banco Central Europeo y FMI), para aplicar la austeridad neoliberal en Italia pueda elogiar las políticas de países latinoamericanos que tienen decentes tasas de crecimiento económico y de creación de empleos precisamente porque han rechazado los postulados básicos del neoliberalismo, porque los Estados intervienen activamente en sectores de la economía real, nacionalizan empresas cuando hay que nacionalizar, responden a las presiones sociales y, más grave aun, controlan la política monetaria y regulan la actividad bancaria y financiera para ejecutar una política de desarrollo socioeconómico.
 
En el caso de Monti, con su extenso curriculum vitae como ideólogo de las ideas neoliberales en la Comisión Trilateral y el Grupo Bilderberg, fundador del “grupo de ideas” Bruegel, asesor de Goldman Sachs, Moody’s, Coca-Cola, etcétera, y miembro clave de muchas comisiones que consolidaron el rígido modelo neoliberal de la Comisión Europea (CE), este elogio del intervencionismo estatal sudamericano no puede ser una conversión ideológica, pero quizás sea puro oportunismo político o una manifestación más de divergencias profundas en la cúpula del sistema neoliberal.
 
De la guerra monetaria al proteccionismo y...
 
Quien sabe Juncker y Monti se están confesando y reconvirtiendo al intervencionismo estatal para renacer políticamente, siguiendo la receta del nuevo primer ministro japonés Shinzo Abe, recientemente electo para sacar la economía real de su país del estado “zombi” en que se encuentra desde hace dos décadas. Abre ganó porque amenazó con nacionalizaciones de empresas y hasta con quitarle la sacrosanta independencia al Banco Central de Japón si no aceptaba lanzar un tsunami monetario y devaluar el yen para crear empleos.
 
Abe adoptó este programa a pesar de la deuda de Japón (a finales del 2012 y según el FMI, la deuda gubernamental equivalía al 237 por ciento del PIB) porque busca abaratar las exportaciones japonesas para competir con Corea del Sur y Alemania en nichos de alta tecnología, y de paso encarecer las importaciones, generar inflación y crear empleos.
 
Y no olvidemos que Japón fue el primer país del capitalismo avanzado (2001) que recurrió a emisiones masivas de dinero (flexibilización cuantitativa o quantitative easing) y tasas de interés muy bajas para reactivar la economía, con muy poco éxito. Política copiada desde la crisis financiera del 2007 por EE.UU., Gran Bretaña y los países de la UE para salvar de la insolvencia los grandes bancos y el sistema financiero, y devaluar sus monedas para poder seguir exportando. Tales políticas no reactivaron las economías reales, pero alimentaron el capital financiero que especula en los mercados financieros y monetarios de los países emergentes.
 
Al apreciar las monedas de los países emergentes, estos flujos especulativos encarecieron las exportaciones y abarataron las importaciones, desequilibrando aun más las tradicionalmente negativas balanzas de comercio y de pagos de estos países, lo que explica que en el 2010 el ministro de Finanzas de Brasil, Guido Mantera, denunciase estas políticas como una “guerra monetaria”, que causan estragos económicos.

Las devaluaciones competitivas amenazan ahora extenderse como un “fuego de praderas”: el pasado 15 de enero el vicegobernador del Banco Central de Rusia, Alexei Ulyukayev, afirmó que el mundo está en el umbral de una “guerra monetaria” por las políticas del primer ministro Abe en Japón y una declaración de Jean-Claude Juncker, quien –según la agencia Bloomberg- se había quejado del “peligrosamente alto” valor del euro, opinión que comparten ministros del gobierno francés, para quienes la apreciación del euro (7.0 por ciento frente al dólar estadounidense en los últimos seis meses) impide frenar el desempleo en Francia. Desde septiembre del 2011 Suiza viene manipulado su moneda para evitar que continuara apreciándose frente al euro, y ahora los países nórdicos se quejan de lo mismo: el ministro de Finanzas de Noruega, Sigbjoern Johnsen, y el vicegobernador del Riskbank (Banco central de Suecia), Lars E. O. Svensson, expresaron que ven con temor la apreciación de sus monedas nacionales y que las economías de ambos países funcionarían mejor con tasas de interés más bajas y monedas más débiles. Corea del Sur hizo saber que no se quedará impasibles ante la devaluación competitiva del yen.
 
El (saliente) gobernador del Banco de Inglaterra, Mervyn King, afirmó que pronto “veremos el aumento de la administración activa de las tasas de cambio”, perspectiva que está “provocando inquietud entre quienes toman las decisiones políticas a nivel global”, según el gobernador del Banco de Australia, Gleen Stevens.
 
De ahí a alguna forma de corporativismo.
 
marcasDevaluación competitiva, medidas para proteger las exportaciones que se sumarán a las existentes, amenazas de cerrar las fronteras a ciertos productos industriales y a la mano de obra extranjera, y una vez que esto se ponga en marcha a escala regional o mundial, las consecuencias se harán sentir en el comercio, las finanzas y toda la cadena de producción mundial, y es en ese momento de pánico que serán aceptables las medidas para imponer ese “capitalismo global administrado” que proponen Howard Rosen y Anatole Kaletsky, que en definitiva es el corporativismo global implícito en los “acuerdos de libre comercio” ya existentes y en tren de ser negociados, en particular el Acuerdo Estratégico Trans-Pacífico de Asociación Económica (AETPAE).
 
El corporativismo de ese “capitalismo global administrado” solo podrá ser uno que respete el marco legal estadounidense para proteger la propiedad privada en todas sus formas, como es bien claro en el AETPAE. Y aquí reproduzco la cita de A. T. Hadley (6), que Karl Polanyi incluye en el libro citado anteriormente, para describir la historia de la protección de la propiedad comercial e industrial en Inglaterra, y luego en EE.UU.: la separación de poderes, inventada mientras tanto (1748) por Montesquieu, fue de ahí en adelante utilizada para separar al pueblo del poder sobre su propia vida económica. La Constitución estadounidense, creada en un medio de agricultores-artesanos por una clase dirigente bien al tanto de lo que sucedía en la escena industrial inglesa, aísla totalmente la esfera económica de la jurisdicción de la Constitución, ubicando así la propiedad privada bajo la más alta protección concebible y creando la única sociedad de mercado en el mundo que fue fundada legalmente. A pesar del sufragio universal, los electores estadounidenses serán impotentes contra los poseedores.
 
¿Cómo será el proceso para presentar y hacer pasar el siniestro capitalismo global administrado de Kaletsky, o algo diferente que será lo mismo? Pues bien, en una entrevista periodística que tuve en mayo del 2004 con el Nóbel de economía (1992) Gary Becker, en el marco de la Conferencia de Montreal, él me confió -con ese aplomo señorial y seguridad de los Nóbel de la Universidad de Chicago, que en aquel entonces todavía se comportaban como enviados divinos-, el método para que en la sociedad capitalista controlada por los monopolios de prensa se aceptaran ideas y propuestas radicales y contrarias a los intereses de las mayorías: Se lanza el tema en un artículo o un panel, y probablemente será juzgado utópico, irrealizable, pero volverá a ser puesto sobre la mesa si la idea es apoyada por gente influyente. El tema será nuevamente atacado por intelectuales de izquierda pero entonces saldrán voces de académicos, expertos y empresarios para defenderlo, en los think-tanks, las páginas de diarios respetables y en la televisión. Este ciclo se repetirá e irá ampliándose hasta que lo que Usted dice es un tema controvertido terminará siendo convencional, por lo tanto aceptable, finalmente será aceptado y llevado a la práctica.
 
Eso funcionó demasiadas veces en las últimas décadas, así que estamos avisados.
 
La Vèrdiere, Francia.
 
- Alberto Rabilotta es periodista argentino - canadiense.
 
Notas
 
1.- Karl Polanyi, La Grande Transformación, Edition Gallimard, página 314.
2.- Joseph Stiglitz, Las crisis posteriores a la crisis. Project Syndicate, 7 de enero 2013; Paul Krugman, New York Times, 9 de diciembre 2012.
3.- William Greider, “Is the Global Economic Establishment Taking a Progressive Turn? The Nation, 15 de enero 2013.
4.- Dani Rodrick, “El desafío mercantilista”, Project Syndicate, enero 2013.
5.- A. Kaletsky, “2013: When economic optimismo will finally be vindicated”. http://blogs.reuters.com/anatole-kaletsky/2013/01/10/2013-when-economic-optimism-is-finally-vindicated/
El autor escribe en The Economist y Reuters, y dirige el Institute of New Economic Thinking, creado y financiado por George Soros, Paul Volcker y otros financieros.
6.- Elogios de Monti a América latina, Elena Llorente, Página/12, 16 enero 2013.
7.- A.T. Daley, Economics: An account of the Relations between Private Property and Public Welfare, 1896, citado por Karl Polanyi en la página 292 de La Grande Transformation.

"Las multinacionales presentes en nuestro territorio representan una segunda colonización"

Lolita Chávez y Jesús Alemancia, Activistas indígenas:

"Las multinacionales presentes en nuestro territorio representan una segunda colonización"

Lolita Chávez / Human Rights Commission Las empresas transnacionales ocupan el territorio de diversas comunidades en toda Latinoamérica. Entrevistamos a Lolita Chávez y Jesús Alemancia, portavoces indígenas.
Diego Jiménez. Barcelona.
Periódico Diagonal


Hace un año que las comunidades ngäbes buglés en Panamá se levantaron contra la explotación hidroeléctrica prevista por el Gobierno en el río Tabasará, que supondría un daño irreversible contra sus bienes naturales, el desplazamiento de decenas de personas y un ataque frontal contra lo que estas comunidades consideran la madre tierra.

La principal represa proyectada en Panamá es la de Barro Blanco, en cuyo diseño y aprobación participaron empresas españolas como Soluziona (hoy, Indra), los consultores Novotec y CSI, y la propia Asociación Española de Norma­lización y Certificación (Aenor), que certificó el megaproyecto. Las protestas se saldaron con varias personas indígenas muertas y cientos de heridas. Pero las obras siguen sin poder dar comienzo.

Jesús Alemancia es activista y portavoz de los procesos de resistencia contra las transnacionales. Sociólogo de formación, acompaña al pueblo ngäbe buglé en su lucha contra las represas.

En esa misma lucha está Lolita Chávez, portavoz electa del Consejo de Pueblos K’iche’s de Guatemala, donde participan las comunidades, autoridades ancestrales y dirigentes que están velando por el respeto, la recuperación y la defensa del territorio. Según afirma Lolita, ni la veintena de denuncias que se han cursado en su contra, ni las amenazas y los atentados que ha sufrido durante el último año conseguirán que abandone. Ella participó en la coordinación de la consulta comunitaria en su municipio, Santa Cruz del Quiché, en la que 27.000 personas se pronunciaron en contra de cualquier proyecto minero o hidroeléctrico que pretenda llevarse a cabo en sus territorios.

Pero esta activista también es consciente del desprecio con el que actúa el Gobierno presidido por el general retirado Otto Pérez, acusado de genocidio. Conoce de cerca el caso de la represa Hidro Santa Cruz, concesionada por la empresa gallega Hidralia Energía y aprobada a pesar de la negativa de la población, que desembocó en la declaración de un Estado de sitio en el municipio de Barillas y la muerte de un dirigente comunitario, presuntamente a manos del personal de seguridad de la corporación.

Un mapa de conflictos


Estos casos están ya recogidos y denunciados en el mapa sobre conflictos entre pueblos indígenas y empresas transnacionales recogidos por la Coordinación por los Derechos de los Pueblos Indígenas (CODPI). Esta organización trabaja en Latinoa­mérica para denunciar las violaciones de los derechos de los pueblos indígenas por la entrada de las corporaciones de capital español. Entrevistamos a Jesús Alemancia y Lolita Chávez, que están trabajando en ese proceso de denuncia contra los efectos de las multinacionales.

DIAGONAL: ¿Qué supone para las comunidades indígenas la entrada de transnacionales en su territorio?
JESÚS ALEMANCIA: Tiene que ver con la enajenación. Las empresas transnacionales se están apropiando de grandes extensiones de tierra, lo que significa quedarse con los recursos que son de las comunidades. Es un ‘señor’ que nadie invitó, que viene y violenta la vida. Da igual de dónde vengan, el resultado es el mismo. En esta fase del neoliberalismo, como ya no quedan muchas cosas de donde obtener beneficios y renta, ellos ponen las manos en la naturaleza. Eso afecta también al futuro del planeta: se está presionando mucho a la tierra.

LOLITA CHÁVEZ: Soy parte del pueblo k’iche. Como pueblo, amamos la vida. Es un compromiso cosmogónico. En todo Ixim Ulew [en castellano Tierra del Maíz, actual Guatemala] y en toda Abya Yala [América Latina] la presencia de las transnacionales y sus megaproyectos los consideramos como un nuevo ciclo de invasión, tienen un objetivo claro de despojo y saqueo.

Para estas empresas, la existencia de los pueblos, de la madre tierra, del aire, de las montañas, de las energías, sólo se conciben como mercancía. Y para ello cuentan con los apoyos de los gobiernos de turno y de las oligarquías, que tienen esa codicia del desarrollo, de la exploración, explotación y acumulación. Y, a nivel local, de los gobiernos y funcionarios que no tienen sentido de comunidad.

Las multinacionales también están vinculadas con los delincuentes, con los que trafican armas y drogas. Todo esto va unido a estas empresas, porque no tienen principios ni valores, y están metidos en ese sistema patriarcal, capitalista y neoliberal, que destruye la vida. Para ellos la vida no vale nada y si estás en su camino simplemente te quitan de enmedio. Y si para quitarte es necesario cooptarte, perseguirte o encarcelarte, incluso matarte, lo hacen.

D.: Es una tarea común, la de construir una alternativa, ¿cómo podríamos hacerlo colectivamente?
L.C.: Dentro de la historia que los abuelos y abuelas nos han dejado, hay sistemas impuestos. El modelo de desarrollo también se ha impuesto, tanto en los pueblos de acá como de allá, por parte de personas que se han desconectado de la madre tierra y de la vida. Ese modelo lo imponen las multinacionales con violencia.

Por ejemplo, el hecho de que alguien viva bien, si es a costa de otras vidas. Eso no es una relación armónica con la vida. En la existencia hay un compromiso en el que tiene necesariamente que haber equilibrio con la humanidad y con la naturaleza.

La actual es una crisis existencial que se vive con mucha angustia y las personas están siendo afectadas. Lo que hay que hacer es generar comunidad. Deben ser las propias comunidades las que determinen cómo quieren vivir, cómo quieren organizarse y cómo elegir sus autoridades, incluso sin, necesariamente, pertenecer a un Estado. Y en este elegir y decidir, está el fortalecimiento del llamado derecho a la libre determinación de los pueblos.

J.A.: Ahora se habla de que el calentamiento global es irreversible. Pero yo creo que podría llegar a ser combatido si lo hacemos conjuntamente, de forma global. Y esto tiene que ver con el sentido del beneficio y del desarrollo: ¿Vamos a seguir enriqueciendo a gente que son ‘ciegos del futuro’ porque están pensando que lo más importante es tener plata?

No se dan cuenta de que están destruyendo la casa común que tenemos todos. Desde ese punto de vista, yo creo que el movimiento indígena tiene posibilidades de ir aportando para construir valores, que pueden proponerse como un proyecto de vida muy distinto, que no pase por el tú o el yo, de otra manera.

Aquí hay que plantearse la propuesta del Buen Vivir [concepción indígena basada en su experiencias]. Mientras que el Occidente capitalista piense que tiene la verdad y que no hay otra, nunca vamos a poder ver la vida de otra manera. La ruptura consiste en hacer que los valores de las comunidades y el pensamiento indígena sean formas de ver la vida, formas que tienen racionalidad y fundamento científico.

Además, es importante cómo afrontar la crisis de alimentos que viene. Por eso valdría la pena dar el salto y construir la propuesta que planteamos. Cualquier planteamiento hecho en papel que no haya salido de las asambleas comunales no tiene futuro. Una propuesta que nace del corazón de las comunidades tiene posibilidades. Y ésa es la única democracia que entendemos.

RELACIONADA:

Empresas españolas en territorio indígena

Construcción de represas en tierras comunitarias.
SoluZiona, CSI o Gas Natural Fenosa son algunas de las multinacionales españolas que operan en Latinomérica en la construcción de grandes presas.

Hoy, en América Latina, Marx ¿sería extractivista?

Hoy, en América Latina, Marx ¿sería extractivista?

Por Eduardo Gudynas*
en ALAI


extractivismoEn América Latina siguen avanzando las estrategias enfocadas en minería, hidrocarburos y monocultivos, a pesar que esto significa repetir el papel de proveedores de materias primas y de las resistencias ciudadanas. Este modo de ser extractivista se expresa tanto en gobiernos conservadores como progresistas. Pero como entre estos últimos se esperaba otro tipo de desarrollo, esa insistencia se ha convertido en un nudo político de enorme complejidad.

Para sostener el empuje extractivista se está apelando a nuevas justificaciones políticas. Una de las más llamativas es invocar a los viejos pensadores del socialismo, para sostener que no se opondrían al extractivismo del siglo XXI, y además, lo promoverían.

Seguramente el ejemplo más destacado ha sido el presidente ecuatoriano Rafael Correa, quien para defender al extractivismo lanzó dos preguntas desafiantes: “¿Dónde está en el Manifiesto Comunista el no a la minería? ¿Qué teoría socialista dijo no a la minería?” (entrevista de mayo de 2012).

Correa redobla su apuesta, ya que además de citar a Marx y Engels, le suma un agregado propio que no puede pasar desapercibido: “tradicionalmente los países socialistas fueron mineros”. El mensaje que se despliega es que la base teórica del socialismo es funcional al extractivismo, y que en la práctica, los países del socialismo real lo aplicaron con éxito. Si su postura fuese correcta, hoy en día, y en América Latina, Marx y Engels deberían estar alentando las explotaciones mineras, petroleras o los monocultivos de exportación.
 
Soñando con un Marx extractivista

Comencemos por sopesar hasta dónde puede llegar la validez de la pregunta de Correa. Es que no puede esperarse que el Manifiesto Comunista, escrito a mediados del siglo XIX, contenga todas las respuestas para todos los problemas del siglo XXI.

Como señalan dos de los más reconocidos marxistas del siglo XX, Leo Huberman y Paul Sweezy, tanto Marx como Engels, aún en vida, consideraban que los principios del Manifiesto seguían siendo correctos, pero que el texto había envejecido. “En particular, reconocieron implícitamente que a medida que el capitalismo se extendiera e introdujera nuevos países y regiones en la corriente de la historia moderna, surgirían necesariamente problemas y formas de desarrollo no consideradas por el Manifiesto”, agregan Hunerman y Sweezy. Sin duda esa es la situación de las naciones latinoamericanas, de donde sería indispensable contextualizar tanto las preguntas como las respuestas.

Seguidamente es necesario verificar si realmente todos los países socialistas fueron mineros. Eso no es del todo cierto, y en aquellos sitios donde la minería escaló en importancia, ahora sabemos que el balance ambiental, social y económico, fue muy negativo. Uno de los ejemplos más impactante ocurrió en zonas mineras y siderúrgicas de la Polonia bajo la sombra soviética. Hoy se viven situaciones igualmente terribles con la minería en China.

No puede olvidarse que muchos de esos emprendimientos, dado su altísimo costo social y ambiental, sólo se vuelven viables cuando no existen controles ambientales adecuados o se silencian autoritariamente las demandas ciudadanas. Tampoco puede pasar desapercibido que aquel extractivismo, al estilo soviético, fue incapaz de generar el salto económico y productivo que esos mismos planes predecían.

Actualmente, desde el progresismo se defiende el extractivismo aspirando aprovechar al máximo sus réditos económicos para así financiar, por un lado distintos planes sociales, y por el otro, cambios en la base productiva para crear otra economía.

El problema es que, de esta manera, se genera una dependencia entre el extractivismo y los planes sociales. Sin los impuestos a las exportaciones de materias primas se reducirían las posibilidades para financiar, por ejemplo, las ayudas monetarias mensuales a los sectores más pobres. Esto hace que el propio Estado se vuelva extractivista, convirtiéndose en socio de los más variados proyectos, cortejando inversores de todo tipo, y brindando diversas facilidades. Sin dudas que existen cambios bajo el progresismo, pero el problema es que se repiten los impactos sociales y ambientales y se refuerza el papel de las economías nacionales como proveedores subordinados de materias primas.

La pretensión de salir de esa dependencia por medio de más extractivismo no tiene posibilidades de concretarse. Se genera una situación donde la transición prometida se vuelve imposible, por las consecuencias del extractivismo en varios planos, desde las económicas a las políticas (como el desplazamiento de la industria local o la sobrevaloración de las monedas nacionales, tendencia a combatir la resistencia ciudadana). El uso de instrumentos de redistribuciones económicas tiene alcances limitados, como demuestra la repetición de movilizaciones sociales. Pero además es costoso, y vuelve a los gobiernos todavía más necesitados de nuevos proyectos extractivistas.

Es justamente todas esas relaciones perversas la que debería ser analizada mirando a Marx. El mensaje de Correa, si bien es desafiante, muestra que más allá de las citas, en realidad, no toma aquellos principios de Marx que todavía siguen vigentes para el siglo XXI.
 
Escuchando la advertencia de Marx

extractivismoMarx no rechazó la minería. La mayor parte de los movimientos sociales tampoco la rechazan, y si se escuchara con atención sus reclamos se encontrará que están enfocados en un tipo particular de emprendimientos: a gran escala, con remoción de enormes volúmenes, a cielo abierto e intensiva. En otras palabras, no debe confundirse minería con extractivismo.

Marx no rechazó la minería, pero tenía muy claro donde debían operar los cambios. Desde esa perspectiva surgen las respuestas para la pregunta de Correa: Marx distinguía al “socialismo vulgar” de un socialismo sustantivo, y esa diferenciación debe ser considerada con toda atención en la actualidad.

En su “Crítica al programa de Gotha”, Marx recuerda que la distribución de los medios de consumo es, en realidad, una consecuencia de los modos de producción. Intervenir en el consumo no implica transformar los modos de producción, pero es a este último nivel donde deberán ocurrir las verdaderas transformaciones. Agrega Marx: “el socialismo vulgar (…) ha aprendido de los economistas burgueses a considerar y tratar la distribución como algo independiente del modo de producción, y, por tanto, a exponer el socialismo como una doctrina que gira principalmente en torno a la distribución”.

Aquí está la respuesta a la pregunta de Correa: Marx, en la América Latina de hoy, no sería extractivista, porque con ello abandonaría la meta de transformar los modos de producción, volviéndose un economista burgués. Al contrario, estaría promoviendo alternativas a la producción, y eso significa, en nuestro contexto presente, transitar hacia el post-extractivismo.

Seguramente la mirada de Marx no es suficiente para organizar esa salida del extractivismo, ya que era un hombre inmerso en las ideas del progreso propio de la modernidad, pero permite identificar el sentido que deberán tener las alternativas. En efecto, queda en claro que los ajustes instrumentales o mejoras redistributivas, pueden representar avances, pero sigue siendo imperioso trascender la dependencia del extractivismo como elemento clave de los actuales modos de producción. Esta cuestión es tan clara que el propio Marx concluye “Una vez que está dilucidada, desde ya mucho tiempo, la verdadera relación de las cosas, ¿por qué volver a marchar hacia atrás?” Entonces, ¿por qué se sigue insistiendo con el extractivismo?

Bibliografía:
Huberman, L. y P. Sweezy. 1964. El Manifiesto Comunista: 116 años después. MonthlyReview 14 (2): 42-63.
Marx, K. 1977. Crítica del Programa de Gotha. Editorial Progreso, Moscú.

* Eduardo Gudynas es investigador en CLAES (Centro Latino Americano de Ecología Social).

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