Agricultura ecol贸gica y cambio de paradigmasLa integralidad del enfoque de la Agroecolog铆a requiere la articulaci贸n de la "ciencia" y de la "praxis" para compatibilizar sus dimensiones ecol贸gica, social, econ贸mica y pol铆tica (Eduardo Sevilla)Por Nelson 脕lvarez Febles
Al definir los sistemas ecol贸gicos, el ec贸logo catal谩n Ram贸n Margalef (1993) argument贸 que en la naturaleza existen relaciones complejas de complementariedad entre una enorme diversidad de seres, lo cual produce una gran estabilidad. Es decir, en la naturaleza la diversidad produce estabilidad, algo completamente opuesto al empe帽o reduccionista de reducir la complejidad de los sistemas para controlarlos. El ser humano tambi茅n forma parte de los ecosistemas, de la enorme diversidad de seres vivos, sistemas geogr谩ficos (monta帽as, lagos, r铆os), de los fen贸menos clim谩ticos.
Estamos convencidos de que no existe futuro agr铆cola para Puerto Rico, como proveedor significativo de alimentos para nuestra poblaci贸n, si no adoptamos como estrategia central la producci贸n agroecol贸gica. Al hablar de agricultura ecol贸gica (que incluye a la agricultura org谩nica, permacultura y otras modalidades) nos referimos a una agricultura -alternativa al modelo agroindustrial dominante- de bajos insumos externos que tiene como metas la salud de los ecosistemas, la viabilidad econ贸mica a largo plazo y la responsabilidad social. Se trata de una agricultura econ贸micamente sostenible, ecol贸gicamente sensitiva y socialmente justa.
Nuestro territorio no aguanta m谩s maltrato ni contaminaci贸n a sus recursos naturales agr铆colas, como es el caso de los suelos, aguas y biodiversidad (silvestre y agraria). Tambi茅n se debe tener en cuenta el impacto negativo sobre la salud de la poblaci贸n de las pr谩cticas agr铆colas contaminantes (para estudios sobre la relaci贸n entre salud y uso de agroqu铆micos -ver http://www.pesticideinfo.org/). Adem谩s, tenemos que considerar los serios problemas de disposici贸n de desperdicios s贸lidos, algunos de los cuales podr铆an ser materia prima para la agricultura ecol贸gica. A trav茅s de un manejo apropiado, gran parte de los desperdicios org谩nicos caseros e industriales, as铆 como las podas, desyerbos y residuos de jardiner铆a, sirven para hacer composta, un abono org谩nico excelente para las siembras. Existen experiencias a trav茅s del mundo que as铆 lo demuestran.
Es necesario intensificar la producci贸n para producir alimentos de forma ecol贸gica y eficiente en una isla sobrepoblada como Puerto Rico. La intensificaci贸n a trav茅s del modelo de monocultivos a base de un alto nivel de insumos externos (agro-qu铆micos, fertilizantes de s铆ntesis, riegos, semillas h铆bridas o transg茅nicas, maquinaria pesada), m谩s all谩 de los problemas que ha causado a trav茅s del planeta, no es una opci贸n sustentable en nuestro caso. Mientras tanto, existen muchos ejemplos de c贸mo las fincas agroecol贸gicas peque帽as y medianas pueden ser netamente m谩s productivas que las grandes extensiones en monocultivos industriales. Cuando se cuantifican todos los alimentos, productos agr铆colas y servicios que proveen las fincas familiares a trav茅s del a帽o, 茅stas resultan ser altamente productivas. Ver, entre otros, Jules Pretty (2009), los trabajos de la puertorrique帽a Ivette Perfecto (2007), tambi茅n los estudios citados en las p谩ginas 15-17 de nuestro libro El Huerto Casero: manual de agricultura ecol贸gica.
Paradigmas reduccionistas y antropocentristas
Uno de los principales argumentos que se esgrimen contra las propuestas de la agricultura ecol贸gica es que, m谩s all谩 de que sea algo deseable, es ut贸pico pues no es posible desarrollarla a gran escala para alimentar a la creciente poblaci贸n mundial. Aunque existen innumerables experiencias y estudios que demuestran lo contrario, en esa cr铆tica subyace uno de los problemas m谩s grandes para lograr los cambios necesarios en pol铆tica p煤blica para pasar a un modelo sustentable de producci贸n y distribuci贸n de alimentos: la agricultura ecol贸gica, o su vertiente m谩s acad茅mica, la agroecolog铆a exige otra manera de pensar la realidad (ver, por ejemplo, los trabajos del Dr. Miguel Altieri, UCLA Berkeley).
El principio del siglo XXI sigue marcado por el cambio que se produjo en el pensamiento dominante europeo durante la Ilustraci贸n, desde un teocentrismo sujeto a estructuras religiosas feudales hacia un antropocentrismo que propici贸 el desarrollo industrial y el capitalismo. La naturaleza pas贸 de ser vista como un reflejo incuestionable de la creaci贸n divina a una expresi贸n de la evoluci贸n a ser subyugada por el hombre [nota del autor: uso intencional del g茅nero masculino].
M谩s all谩 de que el pensamiento cient铆fico reduccionista dominante (de la mano del dogma cartesiano el todo es igual a la suma de las partes) ha sido, sin lugar a dudas, esencial para el desarrollo de importantes tecnolog铆as modernas, el mismo tambi茅n est谩 en la ra铆z de muchos de los problemas sociales y ecol贸gicos a los cuales se enfrenta la humanidad. El calentamiento global, la destrucci贸n de ecosistemas completos, el aumento cuantitativo y cualitativo de enfermedades, la homogenizaci贸n cultural, la acumulaci贸n sin l铆mites de riquezas y su contraparte la pobreza en la que vive la mitad del planeta, son inseparables de una determinada forma de mirar la realidad que pierde el conjunto de perspectiva.
Seg煤n el doctor Eduardo Sevilla G煤zman (2006), director del Instituto de Sociolog铆a y Econom铆a campesina (ISEC) de la Universidad de C贸rdoba (Espa帽a): 鈥淯na de las caracter铆sticas de las sociedades capitalistas industriales lo constituye el papel que juega la ciencia, la instituci贸n a trav茅s de la cual se pretende el control social del cambio, anticipando el futuro con el fin de planificarlo. Los procesos de privatizaci贸n, mercantilizaci贸n y cientifizaci贸n de los bienes ecol贸gicos comunales (aire, tierra, agua y biodiversidad) desarrollados a lo largo de la din谩mica de la modernizaci贸n, han supuesto una intensificaci贸n en la artificializaci贸n de los ciclos y proceso f铆sico-qu铆micos y biol贸gicos de la naturaleza para obtener alimentos鈥. Es precisamente la creencia de que la humanidad puede 鈥渄ominar la naturaleza a trav茅s de la productividad鈥 lo que ha generado la crisis ecol贸gica y social que vivimos.
De acuerdo a la construcci贸n atropocentrista, el ser humano estar铆a en la c煤spide de la escala biol贸gica, y todo lo dem谩s, -ecosistemas, animales (o razas distintas), 谩rboles, plantas, r铆os y monta帽as- sujeto a su dominaci贸n y transformaci贸n. Proyectamos un imaginario hostil contra la naturaleza, mientras transferimos a ella esquemas jer谩rquicos de dominaci贸n 鈥揺l le贸n es el rey de la selva, el pez grande se come al m谩s peque帽o-. As铆 se justifica, sin tomar seriamente en cuenta los impactos negativos, la miner铆a a gran escala, fara贸nicas obras de infraestructura como represas y gasoductos, la energ铆a nuclear o los cultivos transg茅nicos, entre otras intervenciones masivas en el medio ambiente y las sociedades contempor谩neas.
Paradigma de la multiplicidad
Durante el siglo XX surgieron otras miradas desde el 谩mbito cient铆fico. La f铆sica cu谩ntica, al entrar en el mundo de las part铆culas subat贸micas, se encuentra con que en vez de fragmentaciones cada vez m谩s peque帽as lo que existe es una compleja red de relaciones: el mundo subat贸mico no est谩 formado por materia, sino por manojos de energ铆a, pura actividad. En la divulgaci贸n de estas ideas han sido pioneros los trabajos del f铆sico Fritjoff Capra, entre ellos los libros El Tao de la f铆sica (1975) y El punto crucial (1982). Otras vertientes de lo que algunos llaman paradigma de la complejidad, son la teor铆a del caos, la teor铆a general de sistemas y la termodin谩mica de sistemas abiertos. El todo es m谩s que la suma de sus partes. Nosotros preferimos hablar de un paradigma de la multiplicidad, matrices complejas multidimensionales que integran m煤ltiples variables.
Al definir los sistemas ecol贸gicos, el ec贸logo catal谩n Ram贸n Margalef (1993) argument贸 que en la naturaleza existen relaciones complejas de complementariedad entre una enorme diversidad de seres, lo cual produce una gran estabilidad. Es decir, en la naturaleza la diversidad produce estabilidad, algo completamente opuesto al empe帽o reduccionista de reducir la complejidad de los sistemas para controlarlos. El ser humano tambi茅n forma parte de los ecosistemas, de la enorme diversidad de seres vivos, sistemas geogr谩ficos (monta帽as, lagos, r铆os), de los fen贸menos clim谩ticos. Es decir, forma parte de toda una din谩mica interrelaci贸n. Otro trabajo que podemos situar en la base de un pensamiento ecologista que integra lo humano es la cr铆tica prof茅tica sobre el impacto negativo del uso de plaguicidas de Raquel Carson en su libro Silent Springs (1962).
Seg煤n la cosmovisi贸n de muchos pueblos originarios, todo lo que existe forma parte de un complejo entramado de relaciones que se vivencia desde una perspectiva unitaria, tanto en cuanto a sus componentes como a las din谩micas mediantes las cuales interact煤an las entidades que conforman la realidad. En estas cosmovisiones no hay escisi贸n entre la naturaleza y lo humano. El concepto del ayllu, de los pueblos andinos quechua y aimara, es un excelente ejemplo de una cosmovisi贸n que explica a las sociedades humanas y la naturaleza como un todo integrado con criterios estructurales paralelos que abarcan a los recursos naturales, el clima, la organizaci贸n social, la agricultura, la cultura y el plano espiritual, lo cual brinda una gran estabilidad.
Esta manera integrada e integradora permiti贸 a la humanidad producir alimentos para desarrollar sociedades complejas y sustentar civilizaciones como las mesopot谩micas, egipcias, et铆opes, incas, aztecas y mayas, las mediterr谩neas cretense, griegas y romanas, hasta los imperios europeos post-renacentistas, franceses, espa帽oles e ingleses, y llegar a los inicios del siglo veinte con una base de recursos naturales agr铆colas en excelentes condiciones. Sostenemos que los pueblos originarios y las comunidades agr铆colas, cultural y ecosist茅micamente arraigadas, tienen el mejor expediente hist贸rico de manejo sustentable de la naturaleza entre aquellos que habitamos la Tierra.
A nivel mundial, el conocimiento tradicional se considera uno de los pilares para la conservaci贸n y uso sustentable de los recursos naturales. En el art铆culo 8j de la Convenci贸n sobre la Diversidad Biol贸gica, aprobada por 150 pa铆ses en 1992 en R铆o de Janeiro, se define al conocimiento tradicional como 鈥溾os conocimientos, las innovaciones y las pr谩cticas de las comunidades ind铆genas y locales que entra帽an estilos tradicionales de vida pertinentes para la conservaci贸n y la utilizaci贸n sostenible de la diversidad biol贸gica鈥. Por lo general, este conocimiento 鈥搃ntr铆nseco a las comunidades campesinas tradicionales y locales鈥 es desarrollado a trav茅s del tiempo y depende de la transmisi贸n intergeneracional.
Ya no es posible reclamar en nombre de la ciencia una objetividad incuestionable. Esta manera de ver la realidad desplaza al ser humano del trono donde 茅l mismo se ha colocado y lo obliga a una reflexi贸n 茅tica. Existen muchos cient铆ficos que exigen independencia en la investigaci贸n y educaci贸n cient铆fica, mientras critican la presi贸n de los gobiernos y las corporaciones sobre su trabajo y publicaciones. (Ver, por ejemplo, Union of Concerned Scientists, http://www.ucsusa.org/)
La ecolog铆a social, cuyo principal exponente ha sido el socialista libertario, investigador, activista y profesor Murray Bookchin (ver bibliograf铆a), plantea que los problemas ecol贸gicos est谩n profundamente arraigados en complejas problem谩ticas sociales; por lo tanto, las soluciones a estos problemas deben partir del pensamiento 茅tico y acciones colectivas. La naturaleza y lo social se funden continuamente sin perder sus caracter铆sticas particulares, en una tendencia hacia la interdependencia. El ser humano tiene un papel particular, no porque su lugar evolutivo le otorga el derecho a disponer de todo lo dem谩s, sino porque la capacidad de autoreflexi贸n le impone el deber de expresar lo mejor de su potencial. El ser humano es, por lo tanto, una oportunidad de la naturaleza para adquirir plena conciencia sobre si misma. Debemos ser su expresi贸n creativa, no sus verdugos. Ese es el gran reto de la especie, pues el mundo va a sobrevivir con o sin nosotros.
C贸mo nos dicen los colegas Sandra Isabel Pay谩n y Julio Monsalvo (2010) desde Formosa, en el norte de Argentina, la nueva ciencia ha descubierto que los seres vivos no se comportan como mecanismos sino como organismos, como unidades funcionales y estructurales en las que unas partes existen por y para las otras en la expresi贸n de una naturaleza particular, resultado de una din谩mica auto-organizativa y auto-regenerativa. Seg煤n Pay谩n y Monsalvo, superar el antropocentrismo y avanzar hacia el biocentrismo que es asumir que somos en, para y con los otros, es decir, que intersomos, una manera de relacionarnos que va m谩s all谩 de la interdependencia. Ello supone entender al ser humano dentro de la casa grande planetaria, defendiendo la salud de los ecosistemas de los cuales forma parte.
Al dejar de pensar en t茅rminos jer谩rquicos, tenemos que plantearnos la igualdad de razas y g茅neros. Hay que desterrar los empe帽os en homogenizar a los pueblos eliminando la diversidad de lenguajes, arte, religiones, culturas. Igualmente, al respetar la diversidad en la naturaleza en todas sus expresiones (flora, fauna, ecosistemas), tenemos que cuestionarnos el uso de la violencia para la conquista de pueblos, territorios, recursos naturales (agua, minerales, bosques) o recursos biol贸gicos (alimentos, genes, flora y fauna, grupos humanos).
La multiplicidad en la agricultura ecol贸gica
La agricultura ecol贸gica integra en sus principios b谩sicos esa otra manera de ver la relaci贸n entre el medio natural y las sociedades humanas. All铆 multiplicidad juega un papel importante, tanto en lo pr谩ctico como en lo conceptual.
Los principios generales de la agricultura ecol贸gica, como el potenciar los ciclos internos de los agroecosistemas (energ铆a, agua, nutrientes), favorecer la producci贸n y el consumo a nivel local, el uso sustentable y la protecci贸n de los recursos naturales, promover estructuras productivas y de comercializaci贸n a escala humana, entre otros, siempre expresan esa multiplicidad e integran las experiencias, los recursos y el conocimiento de los actores sociales. Es una agricultura estrechamente vinculada con los sistemas de transformaci贸n y distribuci贸n de los alimentos, inseparable de los principios ecol贸gicos y 茅ticos que la sustentan.
La propuesta de esa agricultura ecol贸gica valora y recoge aquellos conocimientos sobre la naturaleza y las tecnolog铆as agrarias tradicionales probadas a trav茅s del tiempo de forma emp铆rica, y propone, mediante procesos de investigaci贸n participativa que integren a los t茅cnicos con los agricultores, formas modernas para mejorar la calidad, cantidad y sustentabilidad de la producci贸n.
Agosto de 2011 V铆a: http://www.webislam.com/?idt=20343
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