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Soberanía Alimentaria
La agricultura familiar suma fuerzas en la Patagonia PDF Imprimir
Escrito por Administrator   
Martes, 22 de Noviembre de 2011 09:55

La agricultura familiar suma fuerzas en la Patagonia

La ciudad de Plottier, en Neuquén, hospedará una nueva unidad del INTA abocada a ese sector productivo. Se centrará en el rescate, desarrollo, adopción de herramientas y tecnologías con el foco puesto en la agroecología.

Por muy rebelde que pueda ser, la Patagonia tiene notas más características: su inmensidad, sus diversas comunidades, su escasa densidad demográfica, sus paisajes deslumbrantes que del Oeste al Este viran de cordillera en llano. En esa particularísima región del país, entre todas sus posibilidades productivas, el 45 por ciento de los productores pertenecen al grupo de la agricultura familiar.

De allí la necesidad de sumar una nueva sede del Instituto de Investigación y Desarrollo Tecnológico para la Pequeña Agricultura Familiar (IPAF), que las autoridades del INTA inaugurarán el jueves 17 de noviembre en Plottier, Neuquén, para toda la región patagónica.

“Con esta unidad se cierra un círculo virtuoso que abarca todas las zonas geográficas del país en el trabajo junto a la agricultura familiar”, dijo José Catalano, director del Centro de Investigación y Desarrollo Tecnológico para la Pequeña Agricultura Familiar (Cipaf), que ya estaba presente en las regiones Pampeana, Cuyo, NEA y NOA. Actualmente, las líneas de trabajo de estos institutos están abocadas a temas sensibles como el uso y gestión del agua, la problemática comercial de la producción primaria y su transformación en origen, así como el desarrollo de mercados alternativos, entre otros.

“Unimos a todo el país en materia de agricultura familiar para avanzar en el rescate, en el desarrollo y en la adopción de herramientas y tecnología para este tipo de trabajo que abre tantas fuentes de empleo”, amplió.

De hecho, la agricultura familiar representa dos tercios del sector agropecuario nacional; es decir, más de 200.000 explotaciones agropecuarias ubicadas especialmente en la región extra pampeana. La creación del CIPAF y los institutos distribuidos en el país demuestran la importancia que le asigna INTA a este sector. Para Catalano, este grupo “abraca a mucha gente: pueblos originarios, campesinos, minifundistas, chacareros, pequeños productores, puesteros… Son diversos los actores que componen a esta forma de producir”.

El IPAF Patagonia cubrirá las provincias de La Pampa, Río Negro, Neuquén, Chubut, Santa Cruz y Tierra del Fuego, en las que confluyen ambientes semiáridos y la región cordillerana –dedicados a la producción ganadera extensiva–, así como los valles irrigados, donde se destaca la producción frutihortícola intensiva.

Táctica y estrategia de vida

De acuerdo con el director del flamante IPAF Patagonia, Marcelo Pérez Centeno, esta unidad neuquina se dedicará, entre otras problemáticas, a la comercialización de la producción primaria y su transformación en origen, el desarrollo de mercados alternativos, la agroecología, el acceso, uso y gestión del agua, la mejora de las condiciones del hábitat de la familia rural, así como el estudio y puesta en valor de los recursos genéticos locales.

“La agricultura familiar ha conservado y seleccionado un importante número de recursos genéticos locales, esenciales para la seguridad alimentaria y que tienen un alto potencial por su aporte a la economía familiar”, dijo Pérez Centeno. En este sentido, expresó que “se debe trabajar en una producción respetuosa del ambiente y que garantice la inocuidad de los alimentos con enfoques como la agroecología”.

De igual modo, el director patagónico indicó que “se abordará la mejora en las condiciones del hábitat de la familia rural, el uso de energías alternativas y la mejora en las condiciones del trabajo mediante el desarrollo de maquinarias adaptadas, las diferentes realidades de la agricultura familiar de la región así como las estrategias de vida en el marco de una investigación asociada a la transición agroecológica aplicada, tanto a la producción hortícola como frutícola”.

Se trabajará en estos objetivos junto con los productores patagónicos, además de mediante diversas vinculaciones con universidades nacionales, gobiernos provinciales y ministerios de producción.

En primer plano

Este nuevo espacio complementará las actividades que el organismo realiza en la región, un ejemplo para destacar es el de la Asociación de Fomento Rural Lote G de Río Negro –integrada por 23 familias agrupadas– que como grupo producen principalmente alfalfa e individualmente crían animales de granja –chanchos, vacas y chivos–.

Teresa Rodríguez, quien es parte de esta asociación, destacó que “junto al INTA logramos mejorar nuestras producciones mediante capacitaciones específicas en cortado y enfardado de alfalfa”.

En las 11 hectáreas que tiene la asociación en el municipio de Contralmirante Cordero, este año produjeron alfalfa que abasteció a una parte importante de la provincia. “Todo lo logramos con esfuerzo propio”, expresó Teresa quien además sintetizó: “Uno puede tener la mejor intención, pero si no tiene el asesoramiento técnico no va a ningún lado; si no hay alguien que te guíe, te encamine, no se puede”.

Fuente: INTA Informa

 
Agricultura industrial, agricultura ecológica y consumo responsable PDF Imprimir
Escrito por Administrator   
Martes, 22 de Noviembre de 2011 09:32

Agricultura industrial, agricultura ecológica y consumo responsable

Por Ana Grandal
fuente: ecoportal.net

agriculturaLo que realmente define a la agricultura industrial es que persigue la intensificación de la producción, como en cualquier otro proceso industrial, con lo que la alimentación se convierte en una mercancía y la única condición de la producción alimentaria es obtener cada vez más beneficios económicos. La tecnología suministrada por la agricultura industrial (como fertilizantes químicos, plaguicidas, invernaderos…) barre los límites “tradicionales” de la producción para asegurar que la productividad sea cada vez mayor, independientemente de otras consideraciones, como la salud de la tierra o de los consumidores.

La agricultura industrial se ha asociado desde el principio con el concepto de “modernización”, considerado positivo, en contraposición a las prácticas tradicionales, “obsoletas”. Esta “modernización” implica el uso de semillas híbridas y agroquímicos (por lo que la agricultura industrial también se denomina agricultura química). Pero lo que realmente define a la agricultura industrial es que persigue la intensificación de la producción, como en cualquier otro proceso industrial, con lo que la alimentación se convierte en una mercancía y la única condición de la producción alimentaria es obtener cada vez más beneficios económicos.

Pero la agricultura industrial también recibe el respaldo de las administraciones públicas, que apoyan su implementación para dirigir la agricultura al mercado urbano primero y global después, como mandan las políticas capitalistas globalizadoras; y aunque las administraciones públicas han establecido regulaciones con respecto a la protección de la salud de los consumidores a lo largo de todo el proceso agroalimentario, la realidad es que siguen produciéndose crisis debido a la propia dinámica industrial (vacas locas, dioxinas…).

La agroindustria de nuevo propone la “modernización” como solución a los problemas que ella misma genera: se aportan soluciones tecnológicas y se externalizan los problemas hacia fuera del sistema productivo y hacia el futuro, con lo que éstos se agravan en lugar de resolverse. Una consecuencia es que los agricultores son cada vez más dependientes del mercado, no sólo para vender sus productos sino también para obtener suministros. Al consumidor, por tanto, cada vez se le cierran más vías para intentar acceder a productos fuera del circuito de la agroindustria, que además cuenta con un instrumento hegemónico muy importante: la publicidad. La agroindustria se sirve de ella no sólo para vender sino para crear una ideología basada en necesidades, muchas veces ficticias, que se satisfacen consumiendo. Utiliza las opiniones de expertos y las recomendaciones alimentarias de las autoridades para avalar sus productos. Poco importa la salud de los consumidores ni las consideraciones ecológicas o sociales, porque el hecho es que la mayor parte de la publicidad está dirigida a productos con alto contenido en azúcares y grasas, que además son los más baratos de producir, y cuyo consumo es una de las causas principales del aumento de la obesidad en los países desarrollados.

Volviendo a la intensificación de la producción que persigue la agricultura industrial, ésta ha provocado que la antigua diferencia entre agricultura intensiva y agricultura extensiva carezca ya de sentido. La agricultura intensiva busca aumentar el rendimiento por hectárea (mayor producción en menos espacio, por ejemplo, una huerta), y la agricultura extensiva busca aumentar la producción aumentando la extensión del cultivo (mayor producción por tener más superficie, por ejemplo, una estepa cerealista, o una dehesa, en que se alternan los usos del suelo).

Pero ambas, al incorporar la lógica de la agroindustria y de la competitividad, hacen que su objetivo de aumentar la producción se realice a toda costa. Ya no dependen de la fertilidad del suelo ni de las habilidades acumuladas por los campesinos, ni siquiera de los ciclos naturales o del aumento de la mano de obra. La tecnología suministrada por la agricultura industrial (como fertilizantes químicos, plaguicidas, invernaderos…) barre los límites “tradicionales” de la producción para asegurar que la productividad sea cada vez mayor, independientemente de otras consideraciones, como la salud de la tierra o de los consumidores. Asi pues la agricultura intensiva y la agricultura extensiva son dos caras de la misma moneda que es la agricultura industrial. En la actualidad, se considera que la agricultura intensiva es la “genuina” agricultura industrial, y sus consecuencias negativas aparecen como el coste necesario para alimentar a una población creciente; por su parte, el concepto de agricultura extensiva ya no se utiliza para los monocultivos sino para una agricultura “tradicional” pero que sólo es asequible a grandes propietarios y es presentada como el verdadero modelo sostenible de producción.

La agricultura ecológica surge en los países occidentales como reacción a los daños provocados por la agroindustria en el medio ambiente y en la salud de las personas. Pero se centra en el rechazo a los productos químicos y al uso de transgénicos y no cuestiona la lógica capitalista, por lo que a veces entra en el circuito mercantilista ofreciendo sus productos en grandes superficies y con precios que sólo pueden permitirse unos pocos. Estas grandes superficies aprovechan la presencia de productos ecológicos en sus estanterías para dar una imagen de responsabilidad corporativa, por lo que podríamos considerar que los emplean como publicidad de empresa.

La agricultura ecológica tampoco integra los problemas de los países empobrecidos. En éstos últimos surge la agricultura de bajos insumos, que además intenta disminuir la dependencia tecnológica de la gran industria. Su versión en los países occidentales es la agricultura integrada, que no sólo sigue sin tener en cuenta la dimensión local y participativa sino que consiente la utilización de agroquímicos (si bien de una forma más “racional”) y de fertilizantes químicos, con lo que sigue dependiendo de la industria. Además, la producción integrada se está desarrollando en la UE como el “verdadero” camino para llegar a la producción ecológica: la certificación de “agricultura integrada” por medio de sellos oficiales le otorga un estatus frente al consumidor que le puede llevar a elegir sus productos frente a otros: en cierta forma, es un tipo de publicidad, puesto que los sellos inducen a creer que estamos ante un producto “bueno y sostenible”. Algo parecido ocurre al considerar la agricultura extensiva como modelo de producción sostenible sin más, sin cuestionarse la lógica que hay detrás (un ejemplo lo tenemos en el jamón ibérico; el más cotizado se produce en explotaciones de este tipo).

Sin embargo, la agroecología es un modo de producción enfrentado a la agricultura industrial y también a sus circuitos de distribución global. Está muy vinculada a la agricultura campesina, entendiendola como el producto de la coevolución de los seres humanos y la naturaleza, es decir, se aprovechan los conocimientos acumulados por los campesinos en los distintos sistemas agrarios. Pero también integra la dimensión del consumo, en forma del consumo responsable, como fuerza social que complementa a la producción agroecológica. Así, los consumidores están en permanente diálogo horizontal con los productores promoviendo el apoyo mútuo para producir y consumir alimentos sanos. Esto se traduce en el establecimiento de un precio justo para productores y consumidores, y en la comprensión por parte de estos últimos de las circunstancias a las que se enfrentan los primeros a la hora de cultivar sus productos (problemas meteorológicos, posibles daños por insectos y otros animales…). El consumidor, pues, deja de ser un agente pasivo: es partícipe del ciclo natural de producción, asumiendo que también hay que respetar la salud del entorno, sin exigir más de lo que el uso racional del suelo puede ofrecer (cada alimento tiene su temporada).

La dimensión local (la cercanía física con el productor) también racionaliza el aspecto de la distribución, que con el establecimiento de circuitos cortos garantiza además la frescura de los alimentos. Por último, la asociación de consumidores en grupos de consumo aporta un componente social que permite aunar las fuerzas individuales para crear espacios de autogestión que empoderan a los consumidores frente a la agroindustria. En este contexto es difícil que la publicidad tenga cabida, ya que los parámetros que utiliza, en plena consonancia con los intereses industriales, dejan de tener sentido. En estos términos también desaparecen algunos de los factores que contribuyen a la obesidad, generándose una relación más realista y cercana con los alimentos.

Ana Grandal - http://www.nodo50.org/lagarbancitaecologica

Fuente: “Agroecología y Consumo Responsable. Teoría y práctica”. Ed. Kehaceres. Madrid
 
Seminario Otros Mundos: Martes de cine Planeta en Venta PDF Imprimir
Escrito por Administrator   
Lunes, 24 de Octubre de 2011 17:40

 Seminario permanente de la sustentabilidad

invita:
Martes de cine (con conciencia) en Kinoki

este martes 25 de octubre, a las 7:30pm:

Presentación del Documental
Planeta en Venta

con debate posterior

entrada gratuita, en:

FORO CULTURAL INDEPENDIENTE KINOKI
Belisario Domínguez 5A esquina con el Andador Guadalupano
centro de San Cristóbal de Las Casas, Chiapas.



¿Crisis en el mundo, crisis de alimentos? En el marco del dia mundial de la alimentación (16 octubre) compartimos este documental español:
    La amenaza de una crisis alimentaria dispara la compra de tierras de cultivo
    El mundo de las finanzas ve en la agricultura un mercado seguro y rentable
    Los países ricos se lanzan a comprar terrenos en zonas deprimidas del planeta

trailer:

La crisis financiera de 2008 ha despertado al mundo de las finanzas que ha visto en la agricultura un nuevo mercado, mucho más seguro que la especulación bursátil. El repentino interés de los inversores por las tierras, se debe a que se han dado cuenta de que con este tipo de inversión no corren riego de quiebra.

http://seminariootrosmundos.blogspot.com/

 
Agricultura ecológica y cambio de paradigmas PDF Imprimir
Escrito por Administrator   
Martes, 27 de Septiembre de 2011 12:11

Agricultura ecológica y cambio de paradigmas

La integralidad del enfoque de la Agroecología requiere la articulación de la "ciencia" y de la "praxis" para compatibilizar sus dimensiones ecológica, social, económica y política (Eduardo Sevilla)

Por Nelson Álvarez Febles
agriculturaAl definir los sistemas ecológicos, el ecólogo catalán Ramón Margalef (1993) argumentó que en la naturaleza existen relaciones complejas de complementariedad entre una enorme diversidad de seres, lo cual produce una gran estabilidad. Es decir, en la naturaleza la diversidad produce estabilidad, algo completamente opuesto al empeño reduccionista de reducir la complejidad de los sistemas para controlarlos. El ser humano también forma parte de los ecosistemas, de la enorme diversidad de seres vivos, sistemas geográficos (montañas, lagos, ríos), de los fenómenos climáticos.

Estamos convencidos de que no existe futuro agrícola para Puerto Rico, como proveedor significativo de alimentos para nuestra población, si no adoptamos como estrategia central la producción agroecológica. Al hablar de agricultura ecológica (que incluye a la agricultura orgánica, permacultura y otras modalidades) nos referimos a una agricultura -alternativa al modelo agroindustrial dominante- de bajos insumos externos que tiene como metas la salud de los ecosistemas, la viabilidad económica a largo plazo y la responsabilidad social. Se trata de una agricultura económicamente sostenible, ecológicamente sensitiva y socialmente justa.

Nuestro territorio no aguanta más maltrato ni contaminación a sus recursos naturales agrícolas, como es el caso de los suelos, aguas y biodiversidad (silvestre y agraria). También se debe tener en cuenta el impacto negativo sobre la salud de la población de las prácticas agrícolas contaminantes (para estudios sobre la relación entre salud y uso de agroquímicos -ver http://www.pesticideinfo.org/). Además, tenemos que considerar los serios problemas de disposición de desperdicios sólidos, algunos de los cuales podrían ser materia prima para la agricultura ecológica. A través de un manejo apropiado, gran parte de los desperdicios orgánicos caseros e industriales, así como las podas, desyerbos y residuos de jardinería, sirven para hacer composta, un abono orgánico excelente para las siembras. Existen experiencias a través del mundo que así lo demuestran.

Es necesario intensificar la producción para producir alimentos de forma ecológica y eficiente en una isla sobrepoblada como Puerto Rico. La intensificación a través del modelo de monocultivos a base de un alto nivel de insumos externos (agro-químicos, fertilizantes de síntesis, riegos, semillas híbridas o transgénicas, maquinaria pesada), más allá de los problemas que ha causado a través del planeta, no es una opción sustentable en nuestro caso. Mientras tanto, existen muchos ejemplos de cómo las fincas agroecológicas pequeñas y medianas pueden ser netamente más productivas que las grandes extensiones en monocultivos industriales. Cuando se cuantifican todos los alimentos, productos agrícolas y servicios que proveen las fincas familiares a través del año, éstas resultan ser altamente productivas. Ver, entre otros, Jules Pretty (2009), los trabajos de la puertorriqueña Ivette Perfecto (2007), también los estudios citados en las páginas 15-17 de nuestro libro El Huerto Casero: manual de agricultura ecológica.

Paradigmas reduccionistas y antropocentristas

Uno de los principales argumentos que se esgrimen contra las propuestas de la agricultura ecológica es que, más allá de que sea algo deseable, es utópico pues no es posible desarrollarla a gran escala para alimentar a la creciente población mundial. Aunque existen innumerables experiencias y estudios que demuestran lo contrario, en esa crítica subyace uno de los problemas más grandes para lograr los cambios necesarios en política pública para pasar a un modelo sustentable de producción y distribución de alimentos: la agricultura ecológica, o su vertiente más académica, la agroecología exige otra manera de pensar la realidad (ver, por ejemplo, los trabajos del Dr. Miguel Altieri, UCLA Berkeley).

El principio del siglo XXI sigue marcado por el cambio que se produjo en el pensamiento dominante europeo durante la Ilustración, desde un teocentrismo sujeto a estructuras religiosas feudales hacia un antropocentrismo que propició el desarrollo industrial y el capitalismo. La naturaleza pasó de ser vista como un reflejo incuestionable de la creación divina a una expresión de la evolución a ser subyugada por el hombre [nota del autor: uso intencional del género masculino].

Más allá de que el pensamiento científico reduccionista dominante (de la mano del dogma cartesiano el todo es igual a la suma de las partes) ha sido, sin lugar a dudas, esencial para el desarrollo de importantes tecnologías modernas, el mismo también está en la raíz de muchos de los problemas sociales y ecológicos a los cuales se enfrenta la humanidad. El calentamiento global, la destrucción de ecosistemas completos, el aumento cuantitativo y cualitativo de enfermedades, la homogenización cultural, la acumulación sin límites de riquezas y su contraparte la pobreza en la que vive la mitad del planeta, son inseparables de una determinada forma de mirar la realidad que pierde el conjunto de perspectiva.

Según el doctor Eduardo Sevilla Gúzman (2006), director del Instituto de Sociología y Economía campesina (ISEC) de la Universidad de Córdoba (España): “Una de las características de las sociedades capitalistas industriales lo constituye el papel que juega la ciencia, la institución a través de la cual se pretende el control social del cambio, anticipando el futuro con el fin de planificarlo. Los procesos de privatización, mercantilización y cientifización de los bienes ecológicos comunales (aire, tierra, agua y biodiversidad) desarrollados a lo largo de la dinámica de la modernización, han supuesto una intensificación en la artificialización de los ciclos y proceso físico-químicos y biológicos de la naturaleza para obtener alimentos”. Es precisamente la creencia de que la humanidad puede “dominar la naturaleza a través de la productividad” lo que ha generado la crisis ecológica y social que vivimos.

De acuerdo a la construcción atropocentrista, el ser humano estaría en la cúspide de la escala biológica, y todo lo demás, -ecosistemas, animales (o razas distintas), árboles, plantas, ríos y montañas- sujeto a su dominación y transformación. Proyectamos un imaginario hostil contra la naturaleza, mientras transferimos a ella esquemas jerárquicos de dominación –el león es el rey de la selva, el pez grande se come al más pequeño-. Así se justifica, sin tomar seriamente en cuenta los impactos negativos, la minería a gran escala, faraónicas obras de infraestructura como represas y gasoductos, la energía nuclear o los cultivos transgénicos, entre otras intervenciones masivas en el medio ambiente y las sociedades contemporáneas.

Paradigma de la multiplicidad

agriculturaDurante el siglo XX surgieron otras miradas desde el ámbito científico. La física cuántica, al entrar en el mundo de las partículas subatómicas, se encuentra con que en vez de fragmentaciones cada vez más pequeñas lo que existe es una compleja red de relaciones: el mundo subatómico no está formado por materia, sino por manojos de energía, pura actividad. En la divulgación de estas ideas han sido pioneros los trabajos del físico Fritjoff Capra, entre ellos los libros El Tao de la física (1975) y El punto crucial (1982). Otras vertientes de lo que algunos llaman paradigma de la complejidad, son la teoría del caos, la teoría general de sistemas y la termodinámica de sistemas abiertos. El todo es más que la suma de sus partes. Nosotros preferimos hablar de un paradigma de la multiplicidad, matrices complejas multidimensionales que integran múltiples variables.

Al definir los sistemas ecológicos, el ecólogo catalán Ramón Margalef (1993) argumentó que en la naturaleza existen relaciones complejas de complementariedad entre una enorme diversidad de seres, lo cual produce una gran estabilidad. Es decir, en la naturaleza la diversidad produce estabilidad, algo completamente opuesto al empeño reduccionista de reducir la complejidad de los sistemas para controlarlos. El ser humano también forma parte de los ecosistemas, de la enorme diversidad de seres vivos, sistemas geográficos (montañas, lagos, ríos), de los fenómenos climáticos. Es decir, forma parte de toda una dinámica interrelación. Otro trabajo que podemos situar en la base de un pensamiento ecologista que integra lo humano es la crítica profética sobre el impacto negativo del uso de plaguicidas de Raquel Carson en su libro Silent Springs (1962).

Según la cosmovisión de muchos pueblos originarios, todo lo que existe forma parte de un complejo entramado de relaciones que se vivencia desde una perspectiva unitaria, tanto en cuanto a sus componentes como a las dinámicas mediantes las cuales interactúan las entidades que conforman la realidad. En estas cosmovisiones no hay escisión entre la naturaleza y lo humano. El concepto del ayllu, de los pueblos andinos quechua y aimara, es un excelente ejemplo de una cosmovisión que explica a las sociedades humanas y la naturaleza como un todo integrado con criterios estructurales paralelos que abarcan a los recursos naturales, el clima, la organización social, la agricultura, la cultura y el plano espiritual, lo cual brinda una gran estabilidad.

Esta manera integrada e integradora permitió a la humanidad producir alimentos para desarrollar sociedades complejas y sustentar civilizaciones como las mesopotámicas, egipcias, etíopes, incas, aztecas y mayas, las mediterráneas cretense, griegas y romanas, hasta los imperios europeos post-renacentistas, franceses, españoles e ingleses, y llegar a los inicios del siglo veinte con una base de recursos naturales agrícolas en excelentes condiciones. Sostenemos que los pueblos originarios y las comunidades agrícolas, cultural y ecosistémicamente arraigadas, tienen el mejor expediente histórico de manejo sustentable de la naturaleza entre aquellos que habitamos la Tierra.

A nivel mundial, el conocimiento tradicional se considera uno de los pilares para la conservación y uso sustentable de los recursos naturales. En el artículo 8j de la Convención sobre la Diversidad Biológica, aprobada por 150 países en 1992 en Río de Janeiro, se define al conocimiento tradicional como “…los conocimientos, las innovaciones y las prácticas de las comunidades indígenas y locales que entrañan estilos tradicionales de vida pertinentes para la conservación y la utilización sostenible de la diversidad biológica”. Por lo general, este conocimiento –intrínseco a las comunidades campesinas tradicionales y locales– es desarrollado a través del tiempo y depende de la transmisión intergeneracional.

Ya no es posible reclamar en nombre de la ciencia una objetividad incuestionable. Esta manera de ver la realidad desplaza al ser humano del trono donde él mismo se ha colocado y lo obliga a una reflexión ética. Existen muchos científicos que exigen independencia en la investigación y educación científica, mientras critican la presión de los gobiernos y las corporaciones sobre su trabajo y publicaciones. (Ver, por ejemplo, Union of Concerned Scientists, http://www.ucsusa.org/)

La ecología social, cuyo principal exponente ha sido el socialista libertario, investigador, activista y profesor Murray Bookchin (ver bibliografía), plantea que los problemas ecológicos están profundamente arraigados en complejas problemáticas sociales; por lo tanto, las soluciones a estos problemas deben partir del pensamiento ético y acciones colectivas. La naturaleza y lo social se funden continuamente sin perder sus características particulares, en una tendencia hacia la interdependencia. El ser humano tiene un papel particular, no porque su lugar evolutivo le otorga el derecho a disponer de todo lo demás, sino porque la capacidad de autoreflexión le impone el deber de expresar lo mejor de su potencial. El ser humano es, por lo tanto, una oportunidad de la naturaleza para adquirir plena conciencia sobre si misma. Debemos ser su expresión creativa, no sus verdugos. Ese es el gran reto de la especie, pues el mundo va a sobrevivir con o sin nosotros.

Cómo nos dicen los colegas Sandra Isabel Payán y Julio Monsalvo (2010) desde Formosa, en el norte de Argentina, la nueva ciencia ha descubierto que los seres vivos no se comportan como mecanismos sino como organismos, como unidades funcionales y estructurales en las que unas partes existen por y para las otras en la expresión de una naturaleza particular, resultado de una dinámica auto-organizativa y auto-regenerativa. Según Payán y Monsalvo, superar el antropocentrismo y avanzar hacia el biocentrismo que es asumir que somos en, para y con los otros, es decir, que intersomos, una manera de relacionarnos que va más allá de la interdependencia. Ello supone entender al ser humano dentro de la casa grande planetaria, defendiendo la salud de los ecosistemas de los cuales forma parte.

Al dejar de pensar en términos jerárquicos, tenemos que plantearnos la igualdad de razas y géneros. Hay que desterrar los empeños en homogenizar a los pueblos eliminando la diversidad de lenguajes, arte, religiones, culturas. Igualmente, al respetar la diversidad en la naturaleza en todas sus expresiones (flora, fauna, ecosistemas), tenemos que cuestionarnos el uso de la violencia para la conquista de pueblos, territorios, recursos naturales (agua, minerales, bosques) o recursos biológicos (alimentos, genes, flora y fauna, grupos humanos).

La multiplicidad en la agricultura ecológica

La agricultura ecológica integra en sus principios básicos esa otra manera de ver la relación entre el medio natural y las sociedades humanas. Allí multiplicidad juega un papel importante, tanto en lo práctico como en lo conceptual.

Los principios generales de la agricultura ecológica, como el potenciar los ciclos internos de los agroecosistemas (energía, agua, nutrientes), favorecer la producción y el consumo a nivel local, el uso sustentable y la protección de los recursos naturales, promover estructuras productivas y de comercialización a escala humana, entre otros, siempre expresan esa multiplicidad e integran las experiencias, los recursos y el conocimiento de los actores sociales. Es una agricultura estrechamente vinculada con los sistemas de transformación y distribución de los alimentos, inseparable de los principios ecológicos y éticos que la sustentan.

La propuesta de esa agricultura ecológica valora y recoge aquellos conocimientos sobre la naturaleza y las tecnologías agrarias tradicionales probadas a través del tiempo de forma empírica, y propone, mediante procesos de investigación participativa que integren a los técnicos con los agricultores, formas modernas para mejorar la calidad, cantidad y sustentabilidad de la producción.

Agosto de 2011

Vía: http://www.webislam.com/?idt=20343

 
El Negocio del Hambre y la Soberanía Alimentaria PDF Imprimir
Escrito por Administrator   
Domingo, 21 de Agosto de 2011 10:02

El Negocio del Hambre y la Soberanía Alimentaria

Por Lilliam Eugenia Gómez Álvarez Ph.D. y Alejandro Henao Salazar
ecoportal.net

soberanía alimentariaLa especulación con los alimentos es tan vieja como la propia agricultura, pero su atractivo como instrumento de lucro se disparó en la década pasada al descubrirse como una oportunidad de inversión única. La rentabilidad está asegurada porque la demanda mundial, en línea con la aumento de la población y el mayor poder adquisitivo de los países emergentes, garantiza su crecimiento de forma consistente. Esta rentabilidad resulta proporcionalmente opuesta a los intereses de la casi totalidad de la población mundial. Susan George, en su libro “Cómo muere la otra mitad del mundo” afirma que el problema más grave del hambre, es el control ejercido por aquellos que poseen el poder económico de los alimentos.

…Las bancarrotas se socializan, las ganancias se privatizan. Es más libre el dinero que la gente. La gente está al servicio de las cosas. - Eduardo Galeano

Un pequeño homenaje a un visionario

Vincent Labeyrie (1924-2008), investigador y humanista francés quien marco en la Europa de la segunda mitad del siglo XX uno de los hitos más importantes, al darle a la ecología, un enfoque político. Ya para 1975 como visionario, previo los problemas que el desarrollo de los agrocombustibles acarrearían y en una de sus conferencias denunciaba: "No podemos dejar que los estómagos famélicos de los niños del tercer mundo, pasasen luego de los motores de los automóviles de los países desarrollados". Luego afirmaba que: “de las catástrofes del cambio climático, no se podía culpar a la ciencia de ella, ya que el análisis era necesario hacerlo siempre desde lo político, es decir desde el sistema económico e ideológico dominante, comparándolo con el único verdaderamente existente sobre el planeta La Tierra, ese de la Economía de la Naturaleza”. En ello no se equivoco el maestro y hoy la realidad de los hechos le da la razón.

Con la comida no se juega, la historia detrás de la crisis

La especulación con los alimentos es tan vieja como la propia agricultura, pero su atractivo como instrumento de lucro se disparó en la década pasada al descubrirse como una oportunidad de inversión única. La rentabilidad está asegurada porque la demanda mundial, en línea con la aumento de la población y el mayor poder adquisitivo de los países emergentes, garantiza su crecimiento de forma consistente. "No hay prácticamente otro producto en el que invertir en estos momentos cuya demanda real sea tan clara, es decir, que tenga tan buenos fundamentales" (Carreño, 2011).

Esta rentabilidad resulta proporcionalmente opuesta a los intereses de la casi totalidad de la población mundial. Hoy día, nos enfrentamos a una Crisis Alimentaria Mundial cuyas razones son más complejas que un problema de producción o de sobrepoblación.

Para develar un poco estas razones debemos contar la historia detrás de esta crisis.

Comenzaremos dando una lectura desde la Bolsa de valores de New York, más conocida como “Wall Street”. Durante los años 2001 y 2002, después de la explosión de la burbuja financiera en el sector de las telecomunicaciones, los capitales se dirigieron hacia los mercados inmobiliarios, que como “daño colateral” dejó sin techo a millones de familias en los EEUU, que hoy deambulan sin vivienda por las calles con el lema: “homeless revolution” A continuación, cuando la burbuja de los mercados inmobiliarios explotó, estos se desplazaron nuevamente, esta vez hacia los mercados de materias primas, esencialmente el petróleo y los productos de la agricultura provocando así una demanda artificial y una violenta subida de los precios de los alimentos. Mientras que en 2003 se invirtieron 13 mil millones de dólares en materias primas en la bolsa de los Estados Unidos, en 2008 esta cantidad llegó a los 260 mil millones.

Los actores

Los causantes de esta especulación tienen nombre propio, los Fondos de Alto Riesgo, los Grandes Bancos de Inversión y los Fondos de Pensiones estudian variables como el clima, la demanda y las cosechas y en base a ello deciden que producto es susceptible de escasear y por ende subir su precio y es allí donde apuestan por un precio y adquieren opciones de compra «futuros» varios meses antes de la producción ver la luz. Con esto causan que el mercado vaya a la alza al comprar en una sola transacción miles de toneladas de un producto disparando así su precio; y es allí donde ejecutan sus opciones de compra al precio establecido meses atrás que es lógicamente mucho menor al precio actual, finalmente venden al precio del mercado, precio que es superior al que pagaron por las opciones de compra, quedándose obviamente con la diferencia. Es decir, que compran las cosechas de los próximos meses, no para adquirir productos agrícolas, sino para ganar dinero en la reventa posterior, y así obtener una mayor ganancia. El capital de la plusvalía ficticia cobra identidad, se establecen ganancias con los productos del suelo que aun no se han sembrado, pero que ya están vendidos; es el neoliberalismo en acción y ganando por adelantado.

Un solo fondo de inversión compró el 7% de la producción mundial en un día Un sólo ‘hedge fund' tiene agarrado por el cuello desde hace meses a todos los productores de chocolate del mundo. El fondo Armajaro, pilotado por un conocido ejecutivo británico, Anthony Ward, apodado como ‘Chocfinger' (dedo de chocolate), compró el pasado julio hasta 240.000 toneladas de cacao, el equivalente al 7% de la producción mundial, en una sola operación. La compra, que se hizo en el mercado Euronext, donde no hay límites sobre este tipo de materia, disparó el precio del cacao hasta sus máximos desde 1977. Las miles de toneladas de cacao siguen acumuladas, según confirmaron fuentes conocedoras de la operación a este periódico, en los almacenes de Hamburgo, Amberes y Ámsterdam. Ward ha apostado por el cacao, ya que uno de sus principales productores, Costa de Marfil, está virtualmente en guerra civil, con lo que escaseará el producto en breve. Según el diario británico ‘The Daily Telegraph', George Soros invierte en este fondo de inversión.

Las consecuencias

Las consecuencias de estas apuestas muy del estilo de un casino podemos verlas en el incremento del precio de los alimentos que subieron un 83% entre 2005 y 2008 según el Banco Mundial, Igualmente la FAO maneja cifras de aumento del 45% para sólo nueve meses del 2008. Finalmente Un índice similar maneja la influyente revista The Economist's.

Tres años después de la crisis financiera y de los alimentos de 2008, los precios de estos últimos están de nuevo aumentando vertiginosamente en los mercados internacionales (Grafico 1).

Los precios locales del maíz subieron abruptamente en varios países durante los últimos tres meses: México 37%, Brasil 15% y Argentina 14%. Esta misma tendencia se observa en otros productos agrícolas como el trigo, el cacao y el azúcar blanco.

La sobreproducción

En respuesta a esta alza de precios, la producción mundial de cereales alcanzó en 2008 un máximo histórico de 2.286 millones de toneladas producidas, lo suficiente para satisfacer las necesidades anuales previstas y para permitir una modesta reposición de las existencias mundiales. Esta tendencia de alta producción se mantiene hasta el día de hoy (ver Tabla1).

Bajo esta lógica productiva queda una inquietud grande sobre los problemas de hambre en el mundo, ya que la producción no parece ser el limitante sino la distribución inequitativa de esta producción. Si hacemos un pequeño ejercicio matemático encontramos que en el año 2008 el mundo produjo 2285 millones de toneladas de cereales que si dividiéramos de manera igualitaria a los cerca de 7000 millones de habitantes del planeta obtendríamos que cada ser humano contaría a su disposición con 326 kilogramos al año; lo que representa unos 0,846 kilogramos por persona al día. Develándose así, que el problema del hambre en el mundo no es un problema de producción sino de distribución. Según afirmaciones de Jossette Sheeran, la directora ejecutiva del Programa Mundial de Alimentos de la ONU, dice que hoy día “Estamos viendo más gente con hambre que antes. Hay comida en los estantes pero la gente no tiene con qué pagar”.

La FAO calculó que la agricultura en los países en desarrollo necesita una inversión anual de 30.000 millones de dólares para ayudar a los agricultores. Tal nivel de inversión es necesario para alcanzar la meta de la Cumbre Mundial sobre la Alimentación de 1996, para reducir el número de hambrientos a la mitad para el 2015. La cantidad es baja si se compara con los 365.000 millones dólares gastados en 2007 en apoyo de la agricultura en los países ricos, los 1,340 billones dólares gastados cada año en el mundo en armamentos y los 17,000 billones de dólares movilizados en poco tiempo en 2008– 2009 para apuntalar el sector financiero.

La Mujer y El Hambre, desmantelando la Soberanía Alimentaria

No hay suficientes recursos –se nos ha dicho– para superar la pobreza, pero sobran los recursos para satisfacer necesidades superficiales. Qué pasa si dividimos esos 17 trillones de dólares por los 30.000 millones de dólares anuales que la FAO estima con los cuales se superaría el hambre en el mundo, Si se hace esa simple división, el resultado que se obtendrá será 566,7 años de un mundo sin hambre…. ¿Dónde estaba esa plata? ¿Quién la tenia? ¿Si siempre nos han dicho que no alcanza? Y de repente casi de la noche a la mañana hay más de medio milenio de un mundo sin hambre y sin pobreza. Difícilmente puede concebirse una realidad más obscena que esa, más repugnante. Y esto, evidentemente es la decepción más profunda que uno puede tener con quienes tienen influencias de dirigir el mundo en el cual estamos… simplemente repugna (Maxneef, 2009).

Las cifras del Hambre

A nivel mundial, el 75% de los pobres vive en zonas rurales y la mayor parte depende de los cultivos para su subsistencia (FAO, 2011). Actualmente con un incremento estimado de 105 millones de hambrientos en 2009, hay ahora 1020 millones de malnutridos en el mundo, lo que significa que casi una sexta parte de la humanidad padece hambre. El tercer mundo nos muestra que el número de hambrientos —quienes consumen menos de 1.800 calorías diarias— es de 642 millones en Asia y el Pacífico y 265 millones en el África subsahariana. En América Latina y el Caribe se registraron 53 millones de personas con hambre, un aumento del 12,8% con respecto al año 2010.

La Mujer y El Hambre

La crisis alimentaria tiene un rostro especialmente femenino: siete de cada diez de las personas con hambre son mujeres y niñas. Esto representa según el Fondo de las Naciones Unidas para las Mujeres (UNIFEM), el 70% de los hambrientos del mundo. De Hecho, dos de cada tres mujeres en el mundo podrían estar en riesgo de sufrir hambre. Y como si esta cifra ya de por sí, no fuera absurda, las mujeres constituyen actualmente el 60% del total de los 550 millones de trabajadores y trabajadoras pobres del mundo; además de representar la mayoría de los trabajadores a tiempo parcial y del sector informal. Finalmente si comparamos las cifras anteriores con el hecho que las mujeres aportan el 70% de la producción alimenticia mundial, vemos que las campesinas sólo poseen el 1% de la propiedad y tenencia de las tierras del mundo.

Causas y consecuencias de jugar con la comida

La causa del alza en el precio de los alimentos se debe a una combinación de cinco factores:

1. El precio alto del petróleo
2. La expansión de los agrocombustibles
3. La producción de carne de animales a partir de granos
4. Cosechas fallidas debido al mal clima
5. La especulación en los precios de los alimentos

Los precios agrarios en los mercados internacionales pueden volver a bajar brutalmente en cualquier momento, ya que, como se ha visto, están esencialmente ligados a los mecanismos bursátiles y a la especulación. La burbuja especulativa en los mercados agrarios puede explotar en cualquier momento. Tanto las subidas como las bajadas brutales de los precios agrarios tienen dramáticas consecuencias para los campesinos y para los consumidores.

Sin ser demagogos queda claro que existe suficiente alimento para dar de comer a toda la población mundial y todas las pretendidas soluciones basadas en el aumento de los rendimientos de la producción agrícola mediante el mayor uso de abonos o de transgénicos para «dar de comer a la población» no son más que engañosas excusas para promover un modelo productivo que incremente el poder de las industrias agroquímicas.

Es necesario tomar medidas para hacer frente a estas situaciones. Resumiendo la Crisis: Susan George, en su libro “Cómo muere la otra mitad del mundo” afirma que el problema más grave del hambre, es el control ejercido por aquellos que poseen el poder económico de los alimentos.

La miopía del Sistema de producción impuesto en el mundo actual no le interesa comprender los beneficios económicos de la erradicación del hambre. Si dicha situación se juzga desde el punto de vista moral ello parecería criminal, pero desde un punto de vista económico, muestra que la producción alimentaria de los países desarrollados está ligada solamente a una demanda solvente y no a las necesidades de los seres humanos.

Desmantelamiento de la Soberanía Alimentaria

En esta súbita subida de los precios agrarios en los mercados mundiales, Colombia y muchos países se encontraron desabastecidos, ya que para alimentar a sus poblaciones habían abandonado su producción nacional y aumentado su dependencia de importaciones agrarias durante los años 80 y 90. Durante los dos últimos decenios, El Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional (FMI) y luego la Organización Mundial del Comercio (OMC), han obligado poco a poco a todos los países a desmantelar todas las herramientas de política pública que permitían mantener una producción alimentaria capaz de cubrir las necesidades de las poblaciones. Los países se han visto empujados a producir para la exportación y a abandonar la producción alimentaria local.
(...)

Soberanía Alimentaria: Un mundo Mejor sí es Posible

El alimento es un DERECHO, no sólo una mercancía. Lo afirman así:

• La Declaración Universal de los Derechos Humanos, 1948.
• El Pacto Internacional de los Derechos Económicos, Sociales y Culturales, 1966.
• La Conferencia Mundial de la Alimentación, 1974.
• El Pacto Mundial de Seguridad Alimentaria, 1945.
• La Conferencia Internacional sobre Nutrición, 1992.
• La Declaración del Foro Mundial sobre la Soberanía Alimentaria, 1996.

La comida no es global, la comida es local. Vinculada a unas ciertas semillas, a un modelo de producción y a una cultura. La identidad de un pueblo es su comida y la gestión de sus tierras.

Basados en esta premisa, encontramos que la Soberanía Alimentaria es el derecho de los pueblos a los alimentos nutritivos y culturalmente adecuados, accesibles, producidos de forma sostenible y ecológica. Se trata del derecho de los pueblos a decidir el propio sistema de alimentación y producción. Esto coloca a quienes producen, distribuyen y consumen alimentos en el centro de los sistemas y de las políticas alimentarias, por encima de las exigencias de los mercados y de las empresas. El concepto de Soberanía Alimentaria fue la definición lanzada por Vía Campesina en la reunión alterna al momento en que se daba la Cumbre Mundial de la Alimentación de 1996 en Roma en la FAO, en este Foro Mundial paralelo se acuña un concepto que involucra el concepto de Soberanía. Es bueno recordar que en la Cumbre Mundial de la Alimentación se hablaba de Seguridad Alimentaria, que es la que existe cuando todas las personas tienen en todo momento acceso físico y económico a suficientes alimentos inocuos y nutritivos para satisfacer sus necesidades alimenticias y para llevar una vida activa.

Por el contrario la Soberanía Alimentaria se define como la facultad de cada Estado para definir sus propias políticas agrarias y alimentarias de acuerdo a sus objetivos de desarrollo sostenible y de seguridad alimentaria. Ello implica la protección del mercado doméstico contra los productos excedentarios que se venden más baratos en mercados internacionales y contra las prácticas del “dumping” (venta por debajo de los costos de producción).

En la definición de seguridad alimentaria no se mencionan las responsabilidades de los actores y se centran en la disponibilidad de los alimentos y el acceso a los mismos, ya sea por la producción y la compra en el mercado. Es una definición que enfatiza lo técnico (Revolución Verde), la relación de los factores sin un contexto en particular, dejando su interpretación a cada país.

La Soberanía Alimentaria ubica al Estado como responsable y destaca el rol de las políticas públicas para el logro de la seguridad alimentaria. Introduce el concepto de desarrollo sostenible incluyendo los conceptos básicos de seguridad en cuestión. Por último la FAO en la cumbre de 1996 en su concepción de seguridad alimentaria no hace propuestas de políticas específicas que tengan que ver con el logro de ella. Enfatiza que hay grupos vulnerables en cada país y reconoce a las mujeres en el centro de la seguridad alimentaria; especialmente como protectora y responsable de la alimentación familiar.

Mientras que la Soberanía Alimentaria establece relaciones con temas como la reforma agraria, el control del territorio, los mercados locales, la biodiversidad, la autonomía, la cooperación, la deuda, la salud y otros relacionados con la capacidad de producir alimentos localmente. En ese sentido, es una definición más amplia y sin la miopía de Sistema Económico Capitalista, es una mirada desde la Economía de la Naturaleza y como esta forma parte de la sostenibilidad de

Sistema.

Punto de Quiebre

Vivimos un momento sin precedentes en la historia de la humanidad, con una emergencia conjugada en tres crisis: La crisis Energética, La crisis Alimentaria y la crisis Climática. Ahora, el modelo productivo agroecológico, diversificado y ahorrador de insumos, se coloca claramente en oposición al modelo dominante, controlado por el agro negocio en el que se utilizan fuertemente las energías fósiles. Conceptualmente la Agroecología no es nada más que la agronomía de los años 40/50 del siglo pasado, con la incorporación de los extraordinarios avances científicos y sociales de los últimos 60 años. La agronomía convencional hoy enseñada en las escuelas, salvo honrosas excepciones, abandono las técnicas de respeto a la naturaleza y a partir de la revolución verde paso a ser en la práctica, un brazo de las industrias de agrotóxicos, fertilizantes de síntesis química y de otros insumos y maquinas sin ninguna preocupación social o ambiental.

La Agroecología hoy en día se ha transformado en la estrategia clave de la producción campesina latinoamericana. Existen en el mundo más de 30 millones de hectáreas manejadas con sistemas agroecológicos y los resultados son espectaculares. Por ejemplo, en zonas marginales con suelos y climas malos, y donde más se concentra la pobreza rural, se ha logrado incrementar producción de cultivos alimenticios en más de 100%. ¿Queremos seguir con una agricultura que es dependiente y orientada a la agroexportación? ¿O el pueblo quiere una agricultura más familiar, biodiversa, que produce para los mercados locales alimentos sanos y baratos? ¿No sería mejor una agricultura de pequeña y mediana escala, soberanamente independiente de multinacionales y de insumos químicos/transgénicos caros y ambientalmente peligrosos?

Semillas robadas

¿Una bóveda de semillas en el Ártico? La Bóveda Global de Semillas de Svalbard tiene capacidad para almacenar 4,5 millones de muestras de diferentes semillas, cada muestra contiene en promedio 500 semillas. Guardan más de 7000 especies de plantas que históricamente han sido usadas en la dieta humana. Los patrocinadores de esta iniciativa son el Gobierno Noruego y The Global Crop Diversity Trust (conformada por Bill & Melinda Gates Foundation, Rockefeller Foundation, Monsanto y Syngenta). Bajo esta iniciativa en apariencia altruista se encuentra en juego la soberanía alimentaria y cultural de la humanidad, ya que la posibilidad de que estas semillas sean clonadas, genéticamente modificadas y patentadas, llevan a la apropiación de los patrocinadores de dicha bóveda de los futuros alimentos del mundo. Ante semejante amenaza la única alternativa viable es que los campesinos del mundo coleccionen sus propias semillas y constituyan bancos de vida, como parte de la soberanía alimentaria de sus pueblos.

Los problemas de las familias campesinas no quedaran resueltos por ningún organismo internacional, de las grandes reuniones y convenios sólo queda las fotos de los gobernantes asistentes, pero los problemas de las familias campesinas quedan sin resolver, es a nuestros propios campesinos los que finalmente acuerdan los mecanismos organizativos para tratar de resolver sus propias problemáticas.

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Lunes, 01 de Agosto de 2011 14:57

Los porqués del hambre

Esther Vivas | El País, 30/07/2011

hambreVivimos en un mundo de abundancia. Hoy se produce comida para 12.000 millones de personas, según datos de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), cuando en el planeta habitan 7.000. Comida, hay. Entonces, ¿por qué una de cada siete personas en el mundo pasa hambre?

La emergencia alimentaria que afecta a más de 10 millones de personas en el Cuerno de África ha vuelto a poner de actualidad la fatalidad de una catástrofe que no tiene nada de natural. Sequías, inundaciones, conflictos bélicos… contribuyen a agudizar una situación de extrema vulnerabilidad alimentaria, pero no son los únicos factores que la explican.
(...)
El hambre no es una fatalidad inevitable que afecta a determinados países. Las causas del hambre son políticas. ¿Quiénes controlan los recursos naturales (tierra, agua, semillas) que permiten la producción de comida? ¿A quiénes benefician las políticas agrícolas y alimentarias? Hoy, los alimentos se han convertido en una mercancía y su función principal, alimentarnos, ha quedado en un segundo plano.

Se señala a la sequía, con la consiguiente pérdida de cosechas y ganado, como uno de los principales desencadenantes de la hambruna en el Cuerno de África, pero ¿cómo se explica que países como Estados Unidos o Australia, que sufren periódicamente sequías severas, no padezcan hambrunas extremas? Evidentemente, los fenómenos meteorológicos pueden agravar los problemas alimentarios, pero no bastan para explicar las causas del hambre. En lo que respecta a la producción de alimentos, el control de los recursos naturales es clave para entender quién y para qué se produce.

industriaEn muchos países del Cuerno de África, el acceso a la tierra es un bien escaso. La compra masiva de suelo fértil por parte de inversores extranjeros (agroindustria, Gobiernos, fondos especulativos…) ha provocado la expulsión de miles de campesinos de sus tierras, disminuyendo la capacidad de estos países para autoabastecerse. Así, mientras el Programa Mundial de Alimentos intenta dar de comer a millones de refugiados en Sudán, se da la paradoja de que Gobiernos extranjeros (Kuwait, Emiratos Árabes Unidos, Corea…) les compran tierras para producir y exportar alimentos para sus poblaciones.

Asimismo, hay que recordar que Somalia, a pesar de las sequías recurrentes, fue un país autosuficiente en la producción de alimentos hasta finales de los años setenta. Su soberanía alimentaria fue arrebatada en décadas posteriores. A partir de los años ochenta, las políticas impuestas por el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial para que el país pagara su deuda con el Club de París, forzaron la aplicación de un conjunto de medidas de ajuste. En lo que se refiere a la agricultura, estas implicaron una política de liberalización comercial y apertura de sus mercados, permitiendo la entrada masiva de productos subvencionados, como el arroz y el trigo, de multinacionales agroindustriales norteamericanas y europeas, quienes empezaron a vender sus productos por debajo de su precio de coste y haciendo la competencia desleal a los productores autóctonos. Las devaluaciones periódicas de la moneda somalí generaron también el alza del precio de los insumos y el fomento de una política de monocultivos para la exportación forzó, paulatinamente, al abandono del campo. Historias parecidas se dieron no solo en países de África, sino también en América Latina y Asia.

cargillEl precio de los alimentos se determina en las Bolsas de valores, la más importante de las cuales, a nivel mundial, es la de Chicago, mientras que en Europa los alimentos se comercializan en las Bolsas de futuros de Londres, París, Ámsterdam y Fráncfort. Pero, hoy día, la mayor parte de la compra y venta de estas mercancías no corresponde a intercambios comerciales reales. Se calcula que, en palabras de Mike Masters, del hedge fund Masters Capital Management, un 75% de la inversión financiera en el sector agrícola es de carácter especulativo. Se compran y venden materias primas con el objetivo de especular y hacer negocio, repercutiendo finalmente en un aumento del precio de la comida en el consumidor final. Los mismos bancos, fondos de alto riesgo, compañías de seguros, que causaron la crisis de las hipotecas subprime, son quienes hoy especulan con la comida, aprovechándose de unos mercados globales profundamente desregularizados y altamente rentables.

La crisis alimentaria a escala global y la hambruna en el Cuerno de África en particular son resultado de la globalización alimentaria al servicio de los intereses privados. La cadena de producción, distribución y consumo de alimentos está en manos de unas pocas multinacionales que anteponen sus intereses particulares a las necesidades colectivas y que a lo largo de las últimas décadas han erosionado, con el apoyo de las instituciones financieras internacionales, la capacidad de los Estados del sur para decidir sobre sus políticas agrícolas y alimentarias.

Volviendo al principio, ¿por qué hay hambre en un mundo de abundancia? La producción de alimentos se ha multiplicado por tres desde los años sesenta, mientras que la población mundial tan solo se ha duplicado desde entonces. No nos enfrentamos a un problema de producción de comida, sino a un problema de acceso. Como señalaba el relator de la ONU para el derecho a la alimentación, Olivier de Schutter, en una entrevista a EL PAÍS: “El hambre es un problema político. Es una cuestión de justicia social y políticas de redistribución”.

Si queremos acabar con el hambre en el mundo es urgente apostar por otras políticas agrícolas y alimentarias que coloquen en su centro a las personas, a sus necesidades, a aquellos que trabajan la tierra y al ecosistema.

COMPLETA en:
http://esthervivas.wordpress.com/2011/07/30/los-porques-del-hambre/
 
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