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Psic. Olivia Velázquez Colectivo Feminista Mercedes Olivera, A.C. (COFEMO) El chirrión por el palito (o la tortilla volteada) Debo reconocer que a pesar de que he pasado casi la mitad de mi vida estudiando, analizando y combatiendo la violencia hacia las mujeres como parte estructural del patriarcado, no deja de sorprenderme y sobretodo de indignarme la perversidad de los mecanismos que hacen funcional este sistema.
¿En qué momento nos convertimos de vÃctimas a victimarias? ¿De ofendidas a ofensoras? ¿En qué momento pues se nos volteo la tortilla? Asà es este sistema.
No puedo evitar pensar en aquellas muchas, muchÃsimas mujeres que en la historia han denunciado, han dicho “ya no más†y han roto el silencio y que por hacerlo han sido sistemáticamente humilladas, ofendidas, torturadas y hasta asesinadas. Asà es este sistema.
Sin embargo también es necesario anotar que el patriarcado siempre se refuncionaliza y ahora no permite (por lo menos no en todos los casos) que seamos calladas por un verdugo que nos quema o nos corta la cabeza.
El patriarcado actúa ahora de una manera más sutil e inasible y nos ataca en el espacio considerado por excelencia como femenino, en ese espacio en el que nos hemos constituido como personas y que por tanto, más nos ha costado transformar, el espacio Ãntimo-privado-personal.
Cuando se trata de los hombres, la vida privada se queda de la puerta para adentro, si las paredes hablaran…escuchamos justificaciones que hacen del espacio privado de los hombres un espacio intocable, no tiene nada que ver con su quehacer público, a nadie le importa, o por lo menos a nadie le deberÃa importar, por eso puede ser pederastas, violadores y hasta asesinos y seguir también, siendo curas, gobernantes y ¿por qué no? hasta luchadores sociales.
Ah, pero eso si, cuando se trata de una mujer que habla, que denuncia, que cuestiona, que rompe el silencio, lo primero que sale a cuestión por no decir a juicio, es su vida Ãntima: “¿y ella de qué habla si una gran p…perdida?, ¿ya saben con cuántos se acostó? Si es una zorra, ni qué fuera tan santita…menuda historia le sabemos†dijeron por ahÃ.
Porque claro, una mujer solo tiene derecho a hablar si es santa, virgen y pura, si no tiene en su historia algún intento, por mÃnimo que sea, de transgredir su papel histórico subordinado, de lo contrario siempre será flagelada, insultada y descalificada. Asà está constituido el sistema patriarcal…
Entre quienes hemos enfrentando estas situaciones que de pensarlas logran ruborizarnos, sabemos que el patriarcado está tan perfectamente construido que los agresores no tienen ni que abrir la boca para justificarse o negar o defenderse, para eso están a quienes nosotras identificamos como “defensoras del patriarcadoâ€; son esas mujeres que como bien sabemos ya, la subordinación la tienen tan internalizada que se alÃan con los agresores y permiten con sus acciones y discursos la reproducción de este sistema de dominación.
 En el caso del ya triste, desafortunado y nuevamente multicitado CIEPAC, hasta ahora no se ha escuchado la voz del agresor (y no me refiero a Onésimo Hidalgo), ni para bien ni para mal, no es necesario, ¿para qué? Ahà tiene a un grupo de mujeres que han hablado por él, que lo defienden, que lo protegen, que lo acuerpan, y que perpetúan “orgullosamente†en sus vidas la subordinación.
Para las feministas no es de extrañar que esto suceda, conocemos los entramados de este sistema que al final de las historias nos voltean el chirrión por el palito y nos señala a nosotras como culpables, a las mujeres, las que se gritan, se insultan, se pelean entre sÃ, mientras que el patriarca queda, él si, inmaculado. Asà es este sistema patriarcal…
No quiero dejar de señalarlo porque no faltará quienes con su dedo flamÃgero enjuicien de nueva cuenta a las mujeres, descalificándonos, desacreditándonos e incluso escupiendo lodo sobre el trabajo que hacemos y la vida que vivimos, no faltará quién diga “asà son las mujeres, solitas ellas se ahorcanâ€. Y yo digo, nuevamente, ojo, asà es el sistema.
Este es el trabajo y compromiso de las feministas, desenmascarar a este sistema y sus perversos mecanismos, denunciar la violencia hacia las mujeres luchando contra nuestra propia constitución femenina y ante la tentación de perpetuar nuestra subordinación con tal de no perder el beneplácito de los patriarcas.
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